sábado, 26 de octubre de 2024

La realidad virtual es un riesgo para el ser humano



La realidad virtual es un riesgo para el ser humano

Reflexiones de un especialista en Chesterton
Esta entrevista al Padre Ian Boyd, Presidente del Instituto G. K. Chesterton para la Fe y Cultura la realizó el Sr. Alberto Almendáriz, periodista del diario La Nación de Argentina y fue públicada el dia miércoles 21 de Septiembre de 2005.
Como en las décadas del treinta y del cuarenta, cada vez son más los intelectuales que revalorizan la figura y la obra del escritor británico Gilbert Keith Chesterton (1874-1936). El padre Ian Boyd, presidente del Instituto Chestertoniano para La Fe y la Cultura, de la Universidad de Seton Hall, en Nueva Jersey, se basa en las ideas del gran autor católico para afirmar que el problema más grave de la actualidad es la falta de imaginación y que la realidad virtual es un riesgo para los seres humanos. El Padre Boyd participa desde hoy hasta el sábado de la Primera Conferencia Iberoamericana sobre Chesterton, organizada por la Sociedad Chestertoniana Argentina y patrocinada por el cardenal Jorge Bergoglio, en el Auditorio Santa Cecilia de la Universidad Católica Argentina, en Buenos Aires.
Autor de Ortodoxia (1908) y de las entrañables novelas policiales del padre Brown y uno de los escritores católicos que mas influyeron en los fieles del siglo pasado, Chesterton sostenía que el consumismo tiene el poder de desintegrar los vínculos comunitarios, base de nuestra sociedad. No estaba errado: hoy sufrimos los efectos de un consumismo que se ha instalado tanto en el centro del capitalismo mundial, Estados Unidos, como en los supuestos paraísos comunistas de China, Vietnam y Cuba. Boyd, nacido en Blame Lake, Canadá, hace sesenta y nueve años, se crió en lo que Chesterton describía como una comunidad utópica, un pequeño pueblo en el que todos se conocen, son dueños de tierras o de algún negocio y tienen una profesión. Desde muy joven, Boyd tomó contacto con los libros de Chesterton, ya que su padre era fanático del escritor. Tras estudiar literatura inglesa —primero en la Universidad de Saskatchewan y luego en Toronto y en Escoda—, se ordenó en la Congregación de San Basilio, inspirado por su hermano mayor. Durante años profesor en el Saint Thomas More College de la Universidad de Saskatchewan, Boyd es hoy reconocido mundialmente como una autoridad en Chesterton. Poco antes de partir hacia Buenos Aires, el presbítero —que visita por primera vez la Argentina— conversó con LA NACION acerca del estado de la fe, la cultura y la razón en el mundo actual, y sobre las ideas de Chesterton, cuyos libros fueron admirados y emulados por autores tan disímiles como W. H. Auden, Paul Claudel, Agatha Christie, Ernest Hemingway, Graham Greene, Gabriel Garcia Marquez y nuestro Jorge Luís Borges.
Chesterton escribió mucho sobre la crisis cultural de su tiempo, a principios del siglo veinte. Cree que estamos mejor o peor hoy?
La crisis cultural tiene que ver con la perdida del sentido de lo sagrado y con una suerte de fealdad espiritual y maldad que ya se percibía en tiempos de Chesterton. Hoy ha empeorado. Es lo que Chesterton llama la pérdida de limitaciones religiosas fuertes, de la memoria cultural y del miedo a Dios. Los síntomas de esto los veíamos entonces y más ahora en las grandes ciudades, extendidas y sin forma, en la falta de una amplia y justa distribución de la propiedad y en la pérdida de la dignidad humana, del valor de los símbolos y los rituales y de la sanidad esencial de las comunidades pequeñas. Chesterton vio estas cosas en su tiempo y mucha gente pensó que exageraba, pero hoy vemos cómo sus profecías se han cumplido. Creo que los libros, las obras teatrales y los poemas de Chesterton son enormemente importantes todavía hoy Contienen una sabiduría atemporal sobre los seres humanos, el mundo, un mundo creado por Dios, y los a veces terribles submundos creados por los hombres.
¿Cuáles son los tres problemas más graves de la crisis que vivimos?
Creo que el primero es la falta de imaginación. Hay que ser capaces de imaginar un mundo mejor, si se quiere construirlo. Y hay algo en el anonimato de la sociedad de masas que lo hace más difícil: la gente se siente como parte de un engranaje, de una maquinaria en la que no hay salida. El segundo tiene que ver con la degradación de la cultura, que también viene de la pérdida de la comunidad. Si una sociedad es esencialmente sana culturalmente, es más fácil llevar una vida buena humana. El envenenamiento de la atmósfera moral de la sociedad ha debilitado a la gente. No es que crea que la gente era más virtuosa antes, pero si creo que la cultura era más sana. Tercero, creo que hay una suerte de aislacionismo moral que ha hecho más difícil que la gente esté en contacto. Cada persona vive en un universo propio y, como diría T. S. Eliot, el resto de la gente no es más que proyecciones, así que cada uno termina inventando su propio mundo.
¿Qué propondría para luchar contra estas tendencias? Parecería que las grandes ciudades no son, para usted, un buen lugar para vivir...
No; si las ciudades son ciudades con barrios, donde existe una comunidad concreta, se puede llevar una buena vida. Lo que es muy peligroso es la realidad virtual. Chesterton utiliza el pueblo, la aldea, como paradigma, pero en realidad se refiere a toda comunidad verdadera, humana.
Que piensa de la globalización?
Es algo que me da miedo. Existe el riesgo de que la gente pierda el contacto con la realidad concreta, de que pasemos a vivir en un universo virtual con los medios electrónicos. Es muy difícil entender la verdad de una situación si uno no está allí y solo la percibe a través de la televisión o Internet.
No cree que los medios electrónicos nos permiten conocer otras realidades?
Pero lo que nos dan no son realidades. En el mejor de los casos, nos transmiten hechos, y en el peor de los casos, mentiras, pero nunca se materializan. Nos dan muchas cosas útiles, pero no son un sustituto para una existencia encarnada, arraigada. Claro: los medios electrónicos no son malos en si mismos. Si usted pertenece a una comunidad real, estos medios le posibilitan comprender más lo que está pasando en otro lugar del mundo. Pero el riesgo está en que veamos esto como una realidad virtual, en la que no nos importa mucho qué les sucede a esas personas, porque no son más que entidades en una pantalla.
Habló antes de una creciente devaluación de los símbolos y los rituales. No cree que las grandes religiones han contribuido bastante a esa devaluación con todas las cosas terribles hechas en nombre de la fe?
Claro, ése es uno de los problemas fundamentales. La Iglesia está compuesta por hombres pecadores. Chesterton se refería a la posibilidad interna del egoísmo, que es lo que la Iglesia llamaría el pecado original, que es el problema madre. Nosotros mismos somos el problema. Y en la Iglesia, al estar compuesta por humanos, hay personas buenas y malas. Pero la religión correctamente entendida une ala gente. Eso es lo que significa la palabra. El efecto normal de la religión es crear armonía, no lo contrario. Obviamente que se han hecho terribles cosas en nombre de la religión, al igual que en nombre de las utopías seculares de los últimos 200 años. Esos son abusos claros. La religión supone limitaciones, y no una incitación a la violencia y al egoísmo. Es una invitación a amar no a odiar Son aquellos que están separados de la religión, o los que crean su propia versión atroz de ella -como un Hitler o un Stalin—, quienes hacen el mayor daño.
Sin embargo, a veces es el dogmatismo exacerbado de los fieles, el aferrarse a ideas propias, lo que lleva a los conflictos entre religiones.
Es verdad. Chesterton siempre mantuvo amistades con gente que desde el punto de vista ideológico era muy diferente de él: George Bernard Shaw, H. G. Wells y otros. Para él, cada punto de vista tenía un valor. Y en ese sentido siempre fue un liberal. Lo que enseña la Iglesia es que otras comunidades religiosas, el Islam, el judaísmo, el budismo, representan verdades parciales, de las que todos podemos aprender. Y creo que las personas realmente religiosas son aquellas que llaman a la unidad, que están dispuestas a aprender de las otras religiones. Históricamente, han sido muy pocas las situaciones en las que la religión fue una fuente de fricción, como en el siglo diecinueve. Tal vez con el terrorismo islámico ahora estemos empezando otra época, aunque no estoy seguro de ello.
Cómo deberían reaccionar los verdaderos fieles -y, por qué no, los ateos— ante quienes ponen como excusa la religión para condenar a otros o cometer actos abominables, como son los ataques terroristas?
En la primera historia de Brown, Chesterton describe un momento maravilloso, en el que el Padre desenmascara a un falso sacerdote. Cuando se le pregunta cómo había sabido qué no era verdadero, responde que porque había atacado a la razón, y que eso es símbolo de mala teología. Creo que un entendimiento racional, el no hacer una caricatura de otras religiones, nos llevará a una mayor comprensión. Debemos tomarnos tiempo para leer y comprender el contexto histórico de las distintas religiones. En Occidente tenemos la costumbre de pensar que somos lo mejor de la humanidad. Y ahí vemos de vuelta esa falta de imaginación, de imaginar históricamente lo que significa ser un musulmán o un hindú devoto. Chesterton decía que en tiempos de conflicto la gente muestra su peor cara al enemigo. Lo importante es descubrir las otras caras, que se ven en la gente común.
Qué cree que es más importante para el hombre moderno, la razón o la religión?
Creo que la fe debe basarse en la razón. El universo es racional. Seria trágico separar el sentido religioso del sentido racional. La prueba está en constatar la religión con lo cotidiano, y no con abstracciones.
Cree que tener un presidente como George W. Bush gobernando el país más poderoso del mundo, con una visión religiosa muy firme, es malo para las relaciones internacionales?
Es bueno en si mismo que un presidente tenga convicciones religiosas firmes. No sé si es bueno o malo para las relaciones internacionales. Pero, qué preferiría? Un hombre indiferente a la religión, u hostil a ella, a cargo de la política exterior?
Chesterton escribió: “En cada país, los ricos son la escoria del mundo”. Cree que en América Latina, donde hay contrastes tan grandes entre una minoría rica y una inmensa mayoría pobre, las clases altas son las responsables de lo que sucede?
A Chesterton le gustaba expresar verdades a través de tácticas de asombro. Lo que dijo me recuerda a un comentario de Jonathan Swift. Que decía: “Si quieres saber lo que Dios piensa del dinero, debes mirar al tipo de gente a la que se lo da”. Debemos recordar también, sin embargo, que hay otros tipos de pobreza, además de la económica. Desde este punto de vista, el peligro moral de las riquezas es su terrible habilidad para volverlo a uno ciego respecto de los padecimientos o las necesidades de los demás. Chesterton no se oponía al capitalismo. Por lo contrario: veía en la propiedad privada algo tan bueno que debía ser distribuida tanto como fuera posible. Los mercados libres son un componente necesario de la libertad, pero, lamentablemente, los mercados del capitalismo moderno no son libres. El neoliberalismo es el problema, no la solución. Es un viejo enemigo. La Argentina descubrió eso de una manera dura. Pero el neoliberalismo es el enemigo de Estados Unidos, también.
Por qué cree que Chesterton influyó tanto en Jorge Luís Borges?
Lo que Borges admiraba en Chesterton era su sabia imaginación. Borges creía que cuando Chesterton confiaba en su imaginación no se equivocaba. Y la crítica de Borges a él se refiere justamente a eso: creía que Chesterton era decepcionante cuando subordinaba su imaginación a una racionalidad más estrecha. Pero tal vez solo significa que Borges nunca entendió por completo la dimensión religiosa de la obra de Chesterton. Una comprensión más profunda nos ayuda a reconocer que en Chesterton la imaginación es lo que se podría llamar sacramental: era un gran escritor religioso que se refería pocas veces directamente a la religión. Enseñó a sus lectores a descubrir a Dios en la parte de la vida en la que Dios parecería ausente. Borro la diferencia entre lo sagrado y lo profano.
THE CHESTERTON REVIEW EN ESPAÑOL - VOL. 1 NRO. 1 - 2007
Primera Conferencia Internacional Iberoamericana
Actualidad de Chesterton en la crisis de nuestra cultura
Del 21 al 24 de Septiembre de 2005
Buenos Aires, Argentina
LA REVISTA DEL INSTITUTO G.K. CHESTERTON
PARA LA FE Y LA CULTURA
SETON HALL UNIVERSITY

El Perfil de la Cordura Chesterton, la Filosofía y el arte



El Perfil de la Cordura Chesterton, la Filosofía y el arte

Horacio Velasco-Suárez
Parecería necesaria una explicación al título buscado para este panel. Lo hemos tomado prestado del libro en que G.K. Chesterton reúne una serie de ensayos en defensa de su doctrina política, el distributismo.1 Pero resulta también acertado para el tema que nos proponemos considerar. Dice Chesterton hablando de la imaginación, uno de los pilares de su concepción artística: “Se supone que la imaginación trabaja hacia el infinito; pero en ese sentido, el infinito es lo opuesto a la imaginación. Porque la imaginación trabaja con imágenes, una imagen es algo que por su naturaleza tiene un perfil, y por consiguiente, un límite”2 Junto con la imaginación, otro de los temas recurrentes es el uso que hace de la locura, para destacar que la persona que tiene una visión imaginativa y poética de la vida, es la menos propensa a volverse loca. Para citar uno sólo de los innumerables ejemplos sobre la cordura, “En consecuencia, podemos decirque no son los poetas los que enloquecen: son los matemáticos, los lógicos, los enumeradores de estrellas y los contadores de pasto”3 La palabra sanity, tantas veces usada por nuestro autor, tiene un matiz difícil de traducir en castellano. Podemos optar por “cordura” la que utilizó EMECE en su edición del libro de ese título. Pero se trata de una cordura relacionada tanto con un estado general de salud como con la sensatez.
El mundo en el que Chesterton creció, era el de una sociedad gravemente enferma. Hemos querido dar un marco de referencia ubicando a nuestro personaje en la época que le tocó vivir,.porque tanto el ambiente que respiró, como el efecto que le produjo, son la clave de la reacción que lo llevó a elegir un camino en su vida, En una sociedad decadente eligió cruzar espadas por la cordura desaparecida. En un ambiente vago y difuso, necesitaba hacer ver los límites que perfilan la realidad de este mundo que tanto amaba. Quizas la mejor manera de completar este marco en el que hemos deseado situar el perfil de Gilbert Keith Chesterton como artista, sea recurriendo a las palabras de otro gran artista y, como él, hombre de fe, poeta y filósofo preocupado por el destino del arte en occidente Wladimir Ivanovich Weidlé, (1895-1976) en un libro clave, Les Abeilles d´Aristée, (1954) tipifica la época con trazo magistral:
Oficio de Tinieblas
Ha retornado el tiempo del desierto; el cristianismo recomenzará en la esterilidad de la Tebaida, en medio de una idolatría temible: la idolatría del hombre hacia sí mismo. Chateaubriand
El orgullo es estéril, es árido. Desde que se pone a crear, suspira por la humildad. Nada lleva tanto al desagrado de si mismo como el culto del yo. La conciencia del abandono es ya la nostalgia de la presencia. En el corazón mismo de la noche se encuentran la ofrenda y la invocación. El sentimiento del desierto comienza en los románticos y se transforma, en muchos de ellos, en un llamado a la Tebaida. Son los primeros en tomar conciencia de una civilización que decae y desean su redención. Contemplan un mundo desintegrado y aspiran a la “unidad integral”.
Se dan cuenta que a las artes plásticas de su tiempo les falta estilo y sienten la nostalgia del estilo. Más que nadie lo haya hecho nunca, comprenden el arte del poeta y por ello se dan cuenta del peligro que lo amenaza. Todas las evasiones datan de esa época, todas las agonías.
Durante un siglo entero y hasta nuestros días, unos buscan refugio en mundos desaparecidos, donde el alma es acunada por canciones de cuna inmemoriales, la imaginación está en su casa y lo eterno se transparenta a través de lo transitorio; los otros, por el contrario, eligen habitar su propio tormento, se lanzan en plena destrucción, y arrancan una obra a su propia desesperación. Pero tanto unos como otros, en el ejercicio de su arte, implícitamente buscan un cambio del mundo. El verdadero nombre de ese cambio es conversión.
Este nombre sólo dice lo que falta, pero es un nombre incompleto. Aún para aquellos que saben lo que significa, o mas bien, lo que debería significar, porque ya en latín no es más que una pobre traducción de un maravilloso vocablo griego. Éste no significa solamente conversión (cambio de creencia) ni solamente penitencia (cambio de la vida moral) sino las dos cosas a la vez. Y más todavía: un cambio de alma, una total transfiguración humana. Y es que el hombre, tal como es, tiene necesidad no sólo de penitencia, ni de adhesión (si ella no es nada más que exterior) a lo que sea, sino que necesita cambiar su alma. Convertíos, pero sabed que el verbo no recibe la plenitud de su significado más que en plural. Hace falta que el mundo se convierta.4
Dios misericordioso y providente conocía esta necesidad de conversión, y eligió como un instrumento eficaz en esta tarea la grande y noble alma de Chesterton, preparándola desde el principio como heraldo de la buena noticia olvidada por los hombres.
Chesterton describe en su Autobiografía, el proceso que lo llevó del agnosticismo escéptico del fin del siglo XIX, a la revelación de la belleza, la bondad y el sentido de la vida. El padre Robert Wild, en un excelente libro “The Tumbler of God, Chesterton as a mystic”, postula la mediación de una especial gracia iluminativa, como clave de la conversión de Chesterton. Dicho con sus muy justas palabras, tomadas de otro ensayo suyo acerca de la realidad del mal en la obra de Gilbert: (Chesterton era)… alguien en quien el Espíritu Santo había obrado en un grado poco común la purificación activa del intelecto, a través del don de la sabiduría. G.K. era capaz de ver con su mente, no meramente pensar razones .No es la misma cosa en absoluto. El podía contemplar la creación desde la perspectiva de la Fe, que es la más perfecta purificación de la mente.5
Como toda aproximación conjetural a algo tan íntimo como el interior del alma, las muy fundadas razones que expone Wild en apoyo de su tesis, dejan prudentemente en suspenso el momento preciso en que esta revelación tuvo lugar. Sin embargo, para un espectador más descarado, no puede pasar desapercibido como signo de lo que fue quizás la primera de esas experiencias místicas, un fragmento revelador de una carta de Gilbert a su mejor amigo, Edmond Clerihew Bentley, Chesterton asistió a las clases de la Slade Art School y a cursos sobre literatura Inglesa en el University College, de 1892 a 1895. Este fragmento está datado en North Berwick, y Maisie Ward lo transcribe fechándolo durante la vacación del verano de 1894:
Interiormente hablando, he pasado una temporada curiosa. Un ataque sin sentido de depresión, que tomó la forma de ciertas absurdas preocupaciones psicológicas se apoderó de mí, y en lugar de desecharlo y hablar con la gente, lo asumí llegando ciertamente al interior de los más profundos abismos. El resultado fue que encontré que las cosas cuando se las examinan, necesariamente proclaman un panorama tan místicamente satisfactorio, que, sin volver a la tierra, vi mucho que me dio la certeza de que todo está bien. Ahora la visión se está disolviendo en la común luz diurna, y me alegro que así sea. El estado de mi mente era el opuesto de lo sombrío, pero no se podría mantener por mucho tiempo. Es embarazoso hablar con Dios cara a cara, como un hombre que hablara a su amigo6.
La repentina y deslumbrante visión abrió al mismo tiempo todas las ventanas de su alma. A partir de ese momento, las elucubraciones intelectuales de sus contemporáneos le resultaron un laberinto de espejos en el que el yo repetía hasta el infinito el reflejo de su propia sombra.
Esta revelación del mundo como creación siempre nueva y admirable, acompañó su obra durante toda la vida, y moldeó la particular forma expresiva de su arte. Chesterton no razona en abstracto: contempla gozosamente asombrado “desde todas las puertas de su mente”7 un panorama siempre nuevo y siempre fresco, y describe, con el entusiasmo y la precisión del que guarda en su retina una imagen imborrable, simplemente lo que ve. A muchos años de distancia de su noche oscura y su repentina iluminación, cumplido el ciclo del retorno a la Fe, escribe en “The Everlasting Man”:
La moraleja de todo esto es antigua: la religión es revelación. En otras palabras, es una visión, y una visión recibida por la fe; pero es una visión de la realidad. La Fe consiste en una convicción de su realidad8
Hay algo, en el uso razonable de la propia palabra visión, que implica dos cosas acerca de ella; primero que acontece muy raramente, posiblemente, por una única vez; y en segundo lugar, que probablemente acontece de una vez para siempre9
Aunque son innumerables los pasajes que podrían ejemplificar su visión de la creación artística, en razón de esta experiencia fundacional, los mejores ejemplos se pueden encontrar en las obras que abordan temas teológicos, de la que es paradigmática su biografía de San Francisco de Asís. Algunos estudiosos han discutido sobre si es una obra de Chesterton sobre San Francisco de Asís, o se trata de la visión personal de Chesterton adscripta a la vida del Poverello. Parece mucho más equilibrado opinar que tanto San Francisco como Chesterton pudieron ver la misma Verdad y Belleza, desde la perspectiva personal de cada uno. Por eso sus reflexiones sobre el Santo son a la vez ventanas abiertas a la experiencia mística de Chesterton como fundamento de su arte.
Recordando que San Francisco llamaba a sus seguidores “les jongleurs de Dieu”, Chesterton explica: EL jongleur era en propiedad un bromista y un bufón; a veces lo que podríamos llamar un prestidigitador... A veces puede haber sido un equilibrista, como el acróbata de la bella leyenda “El acróbata de Nuestra Señora”. 10
Francisco en algún momento cercano a su desaparición en la prisión o caverna oscura, experimentó un cambio de naturaleza psicológica; el giro de un completo salto mortal, en el que, describiendo un círculo completo, volvió, o aparentemente lo hizo, a su postura inicial, Es necesario usar el grotesco símil de una pirueta acrobática, porque hay pocas otras figuras que puedan esclarecen el proceso. Pero en el sentido más íntimo, fue una profunda revolución espiritual…. El efecto en su actitud hacia el mundo fue tan extravagante como cualquier paralelo que le quisiéramos encontrar. Miró al mundo de manera tan diferente de los demás hombres, como si hubiera salido del oscuro agujero caminando sobre sus manos11
Al comparar la experiencia mística con la acrobacia juglaresca, Chesterton emplea una de sus imágenes preferidas: contemplar al mundo cabeza abajo. Ese cambio absoluto de perspectiva, implica en primer lugar una actitud sobrenatural: El secreto de recuperar los placeres naturales consiste en mirarlos a la luz de un placer sobrenatural12
Un segundo efecto es la iluminación sobre la propia estulticia Es un sólido hecho objetivo, como las piedras del camino, que había hecho el tonto Y mientras contemplaba la palabra “tonto” escrita en luminosas letras delante suyo, el mundo mismo comenzó a brillar y cambiar. Cuando Francisco salió de la cueva de su visión, llevaba esta misma palabra “tonto”, como una pluma en su sombrero; como un escudo o quizás una corona. Continuaría siendo un tonto, sería el tonto de la corte del Rey del Paraíso13
Una tercera consecuencia de ver el mundo parado sobre las manos es una profunda experiencia de dependencia, profundamente aliada a la virtud de la humildad, … mientras para el ojo normal la imponente fábrica de sus murallas o la masiva fundación de sus torres parecen más sanas y permanentes, el momento en que se dan vuelta, su propia solidez las hace aparecer más indefensas y en peligro. Es nada más que un símbolo, pero revela un hecho psicológico. San Francisco podía amar su pequeña ciudad tanto como antes, o más aún; pero la naturaleza de su amor se había alterado y aumentado. Podía ver y amar cada teja en los empinados techos y cada pájaro en las murallas, pero las vería en una nueva y divina luz de eterno peligro y dependencia. En lugar de estar orgulloso de su fuerte ciudad porque no podía ser conmovida, estaba agradecido a Dios Todopoderoso por no haberla soltado de su mano; agradecía a Dios no haber soltado a todo el cosmos como un vasto cristal para ser esparcido en estrellas fugaces. Así quizás San Pedro vio al mundo cuando fue crucificado cabeza abajo.14La transición de un buen hombre a un santo es una suerte de revolución, por la cual, alguien para el que todas las cosas ilustran e iluminan a Dios se convierte en alguien para quien Dios ilumina todas las cosas. Es como la transformación por la cual un amante puede decir a primera vista que su amada le recuerda una flor, y luego reconoce que todas las flores le recuerdan a su amada Un santo y un poeta frente a la misma flor, pueden parecer decir la misma cosa; pero ciertamente, a pesar de que ambos digan la verdad, estarán diciendo diferentes verdades. Para uno la alegría de la vida es la causa de la fe; para el otro es más bien su resultado. 15
El resultado de contemplar todas las cosas desde la perspectiva sobrenatural, convierte al hombre en espectador de la Creación; como Dios está permanentemente manteniendo las cosas en su ser en una actualidad sin tiempo, el hombre que ha dado el salto mortal, es testigo de la obra divina:
El místico que pasa a través del momento en que no existe otra cosa que Dios, de alguna manera presencia el principio sin principio en el que no había en verdad ninguna otra cosa. No solo aprecia todo, sino la nada de la que todo ha sido creado. De alguna manera soporta y contesta aún el terremoto de ironía del Libro de Job. En cierto sentido está presente cuando son puestos los fundamentos del mundo, con las estrellas de la aurora cantando juntas, y los hijos de Dios gritando de alegría.16
Este bellísimo y profundo pasaje ilumina el sentido del arte y la vida de Chesterton., su visión abarcativa del universo, en la que como dice de San Francisco, no hay “fondo y figura”, sino que todas las cosas tienen importancia; su profunda humildad, su permanente agradecimiento, la perpetua novedad de cada aurora.
Chesterton parece demorarse perennemente glosando el encuentro de los pastores en la noche fría de Belén con el ángel de la Natividad, cuando la “claritas Dominus circumfulsit illos, et timuerunt timore magno” la luz del Señor los inundó, y temieron con gran temor y el Ángel les dijo: “Nolite timere: ecce enim evangelizo vobis gaudio magno”, No temáis, vengo a anunciaros una magna alegría. Y un coro de ángeles en el cielo prorrumpió en una aclamación de Gloria.
Para Chesterton la imaginación es un don de Dios al hombre que le permite y le obliga a acompañar Su obra creadora. Y la clave que pone en libertad la imaginación es la humilde actitud de asombro ante la grandeza de la Creación, que caracteriza la actitud de los niños ante un mundo que para ellos está recién creado. Perdido en algún lugar de la inmensa pradera del tiempo, vagabundea un pigmeo que es la imagen de Dios, y que ha producido, en una escala aún más reducida, una imagen de la creación. Esa figura pequeñísima de Dios, la llamamos hombre, y la imagen en miniatura que produce, Arte. Es subestimar la función del hombre decir que (el arte) sólo expresa su propia personalidad… Su trabajo, como algo secundario pero divino, es rehacer el mundo...17
Dejando claramente establecida nuestra función de “subcreadores” como la llamó otro gran escritor cristiano inglés18, Chesterton se asigna, en un memorable ensayo19, la función de escultor de gárgolas. Pero a mi se me asemeja mas apropiado el papel de maestro constructor de catedrales, “el arquitecto de las lanzas” de otra de sus memorables visiones20, poniendo en las manos de Esther un arado y una lanza, y dirigiendo sus huestes para la pelea, espada en mano y ciñendo brillante armadura.
En un cuento de 1895, “Le Jongleur de Dieu”, uno de los seguidores de un profeta apedreado es encontrado muerto “en un gran valle, entre pilas de piedras rudamente talladas representando santos rientes, profetas rientes, querubines y serafines rientes con los cuales el maniático estaba intentando construir una catedral con sus propias manos”21
Treinta años más tarde, Chesterton ha encontrado agradecido, que la catedral ya estaba construida y que le bastaba penetrar en ella atravesando con su cabeza los opacos vidrios emplomados, para contemplar la inefable y llameante luz divina de los vitrales como las piedras preciosas de las murallas de la Jerusalén Celestial.
Porque el arte, como dice Weidlé es Belén y Tabor, encarnación y transfiguración, Chesterton encuentra a través de él su lugar en la obra magna que Otro ha previsto, y la humildad gozosa del reconocimiento de su alegría fundada en el sólido cimiento de la Redención. Por eso se atreve a decir, en las palabras con que cierra Ortodoxia: Los estoicos, antiguos y modernos, se enorgullecen en ocultar sus lágrimas, Él nunca ocultó la suyas; las mostró a cara descubierta a la luz del sol, como cuando contemplaba desde lejos la Ciudad Santa…Él nunca reprimió su indignación; derribó los muebles en las escalinatas del Templo, y preguntó a los hombres cómo pensaban escapar de la condenación eterna. Sin embargo, Él ocultaba algo…Había cierta cosa que era demasiado grande para que Dios nos la mostrase mientras Él caminaba por esta tierra; y yo me he imaginado muchas veces que era Su alegría.22
Notas
1. Chesterton, G.K.The outline of Sanity, London, 1926. traducido por EMECÉ como “EL Perfil de la Cordura”, Buenos Aires, 1952 2. Chesterton, G.K, All is Grist, p. 153, citado por Thomas C. Peters, “The Christian Imagination; Chesterton on the arts”, Ingnatius Press, San Francisco, 2000 3. Chesterton, G.K Lunacy and Letters, pg. 35, citado. por Thomas Peters, op. cit.) 4. Weidlé, Wladimir, Les Abeilles d´Aristée, Troisième Partie, L´Office des Ténèbres, Introducción, p.. 236, Gallimard, Paris, 1954 5. Wild, Robert, The Reality of Evil in G.K´S vision of life en Father Bob Wild Reflections on Madonna House Page, http://www.fatherbobwild.org.uk/chesterton.htm 6. Ward, Maisie, G. K. Chesterton, IV, Art School and University College, p. 49 Sheed & Ward, New York, 194) 7. Chesterton, G.K, The Coloured Lands, 1912 8. Chesterton, G.K, The Everlasting Man, Collected Works, Vol II, p. 375 Ignatius Press, San Francisco, 1986 9. Chesterton, G.K, The Everlasting Man, Collected Works, Vol II, pg. 376 Ignatius Press, San Francisco, 1986) 10. Chesterton, G.K, Saint Francis of Assisi, p. 69, Collected Works, Ignatius Press, San Francisco 1986 11. Chesterton, G.K, Saint Francis of Assisi pg. 70, Collected Works, Ignatius Press, San Francisco 1986 12. Chesterton, G.K, Saint Francis of Assisi, p. 70, Collected Works, Ignatius Press, San Francisco 1986 13. Chesterton, G.K, Saint Francis of Assisi, p. 71-72, Collected Works, Ignatius Press, San Francisco 1986 14. Chesterton, G.K, Saint Francis of Assisi, p. 73, Collected Works, Ignatius Press, San Francisco 1986 15. Chesterton, G.K, Saint Francis of Assisi, p. 74, Collected Works, Ignatius Press, San Francisco 1986 16. Chesterton, G.K, Saint Francis of Assisi, p. 75, Collected Works, Ignatius Press, San Francisco 1986 17. Chesterton, G.K Lunacy and Letters, p. 90 citado por Thomas C. Peters, “The Christian Imagination; Chesterton on the arts”, Ignatius Press, San Francisco, 2000 18. J.R.R. Tolkien 19. Chesterton, G.K, On Garygoyles, Alarms and discursions, 1910 (Introduction) 20. Chesterton, G.K “The Architect of Spears”, en Varied Types, 1912 21. Chesterton, G.K Collected Works, XIV, pg. 662 22. Chesterton, G.K Orthodoxy, en Collected Works, I, p.. 365-366, Ignatius Press, San Francisco, 1986)
THE CHESTERTON REVIEW EN ESPAÑOL - VOL. 1 NRO. 1 - 2007
Primera Conferencia Internacional Iberoamericana
Actualidad de Chesterton en la crisis de nuestra cultura
Del 21 al 24 de Septiembre de 2005
Buenos Aires, Argentina
LA REVISTA DEL INSTITUTO G.K. CHESTERTON
PARA LA FE Y LA CULTURA
SETON HALL UNIVERSITY

Chesterton, el Distributismo y los Problemas Económicos del Presente



Chesterton, el Distributismo y los Problemas Económicos del Presente

Ludovico Videla (Instituto Francisco de Vitoria)
“Transformaremos las instituciones económicas fundamentales de América para el siglo XXI, fomentando una Sociedad de propietarios”. George Bush, 2005.
“La idea es darle a los pobres acceso al comercio…tierra, créditos y títulos, para proveerle un acceso que les permitirá ganarse la vida en una economía de mercado”. John Williamson, 2003.
Introducción
La relectura de mi admirado Gilbert Chesterton es siempre una ocasión para renovar el respeto por su inteligencia, su notable e incisiva prosa y la posibilidad de percibir la enorme energía que transmite, fundada sin duda en su alegría de vivir. La doctrina de Chesterton está basada en la verdad de la naturaleza humana, con toda su grandeza y con todas sus miserias. No por casualidad nos dice que la única verdad teológica de la doctrina católica comprobable es el pecado original, de cuyas consecuencias tenemos evidencias cotidianas. Basta salir a la calle.1
Me toca discutir el aporte de Chesterton para la solución de los problemas económicos del presente. Mis colegas economistas se sorprenderían de la pretensión de recoger algún fruto, de un poeta y novelista del siglo pasado, además católico. Para Chesterton, el escepticismo de los economistas no sería algo nuevo. Su opinión sobre la profesión no era muy favorable, pero quizás si le asombraría, que después de tantos años todavía tuviesen vigencia como principios científicos, supuestos antropológicos erróneos, adoptados por una parte de los practicantes de la ciencia, como por ejemplo el referido a la consideración de cierta población como excedentaria.2 La tesis de este artículo, es que la propuesta de la Liga distributista de Chesterton y Belloc, si bien fue elaborada en vista a un contexto económico que ha cambiado significativamente, sigue siendo en gran medida válida para entender la raíz de algunos de nuestros principales problemas económicos.
En primer lugar presentaré una breve descripción del contenido y significado histórico del distributismo y de la crítica de Chesterton al capitalismo y al estado de cosas en la economía. Posteriormente discutiré algunos graves problemas que están presentes en nuestras economías avanzadas y que demuestran la tesis esbozada.
El distributismo
El distributismo es el nombre de un conjunto de propuestas unidas con los nombres de Gilbert Chesterton, Hilaire Belloc y numerosos asociados entre los que se incluye el conocido sacerdote dominicano Vicent Mc Nabb. El punto de partida era la insatisfacción por el estado de las cuestiones económicas y sociales. Chesterton hacía responsable de los problemas presentes a los crímenes del pasado. Entre ellos, el principal crimen era la Reforma que “había desencadenado en Inglaterra una plaga de arrebata-tierras y arranca-dineros”.3
En realidad, la idea no era originalmente de Chesterton sino que él la había tomado de un ensayo de Hilaire Belloc sobre el estado servil, que a su juicio agobiaba a Inglaterra. Para Belloc, el sistema feudal medieval con todos sus defectos, preservaba una síntesis muy singular entre acción y contemplación, que permitía configurar una sociedad distributista. La privatización de la propiedad común y la apropiación y explotación de las propiedades monásticas por los Tudors, destruyó la sociedad feudal y la reemplazó por el capitalismo industrial, en donde el proletario era forzado a trabajar por un salario y obligado a una forma de vida, que en cierto sentido, recreaba la institución de la esclavitud. Convirtió a la tierra en una mercancía sujeta a las condiciones de la oferta y la demanda. La teoría distributista de Belloc tenía sus raíces en la doctrina social católica, estaba inspirada en Rerum novarum y Cuadragesimo anno y se orientaba a la divulgación de la propiedad privada, especialmente de las herramientas necesarias para el trabajo propio y de la tierra necesaria para asegurar el sustento a la familia.
Un concepto clave era el de subsidiariedad contra la intervención centralizadora y la interferencia del Estado. El gobierno debía ayudar a la construcción de la sociedad distributista, favoreciendo la educación de los artesanos y productores rurales, descentralizando los mercados y protegiendo las empresas y negocios pequeños, con beneficios impositivos, pero a diferencia del estatismo, respetando su autonomía. El objetivo central era reforzar la personalización de la economía, favoreciendo la difusión de la propiedad privada, en particular la rural y permitiendo recuperar un grado mayor de libertad de la gente. El distributismo fue al principio sólo una corriente de pensamiento y doctrina, posteriormente creció en influencia e importancia, hasta convertirse en una organización llamada Liga Distributista y cuyo primer presidente fue Chesterton. En realidad el nombre definitivo surgió después de descartar otros como el de la “Liga de la Propiedad Perdida”, que expresaba mejor el propósito buscado. 4
Pero Gilbert Chesterton no se limitó a una conducción política, sino que profundizó en los fundamentos teóricos de la propuesta. En aquél momento se planteaba una falsa antinomia entre el capitalismo y socialismo. Los defensores del capitalismo, conformados por la poderosa corriente utilitarista del Profesor Pigou, heredera de John Stuart Mill, rechazaban como inabordable y utópico cualquier desvío de las leyes de mercado. El socialismo, por su parte, crecía bajo la influencia del comunismo ruso. El punto de partida del programa distributista, era evitar o al menos moderar el crecimiento de la concentración de la propiedad y la riqueza . Chesterton protestaba porque consideraba que no se estaba haciendo todo lo posible para resistir el empuje de los monopolios, y decía que, cuando la gente habla como si nada pudiese hacerse, esta afirmación es falsa de partida, ya que existen todo tipo de respuestas a esto, que inmediatamente se presentarán a nuestra mente. 5
Más adelante menciona una media docena de propuestas que pueden ayudar el proceso distributista : (a) gravar los contratos de manera tal de desalentar la venta de las propiedades pequeñas a los grandes propietarios y favorecer la división de las grandes propiedades entre pequeños propietarios, (b) modificar la legislación hereditaria a semejanza de la ley testamentaria napoleónica, destruyendo la primogenitura, (c) establecer una excepción legal para los pobres, que los proteja frente a los grandes propietarios, (d) la protección deliberada de ciertas experiencias de difusión de las pequeñas propiedades, con beneficios fiscales, (e)subsidios para promover el inicio de este tipo de experimentos, (f) una liga de voluntariado, y un número de otras cosas similares.6
La propuesta distributista en su esencia deseaba superar el estado servil creando una república de propietarios, en que la riqueza en lugar de concentrarse en pocas manos, diese oportunidad a todos de vivir con dignidad. Era la superación de la pobreza, a través de la difusión de la condición de propietario, facultad que fortalece a la persona y le otorga mayor capacidad para ejercer la libertad y su iniciativa individual. La vida política activa de la Liga Distribustista fue corta. A finales de octubre de 1927 se celebró un debate público, transmitido por radio, entre Chesterton y George Bernard Shaw, moderado por Hilaire Belloc. Según Pearce “ninguno de los que se encontraban aquella noche podía saber que cuando Belloc bajó el telón poniendo fin al debate también estaba poniendo fin a la liga distributista”.7
En poco tiempo después la liga fue desmembrándose y perdiendo adherentes hasta finalmente desaparecer.
Crítica al estado de cosas
A pesar de su fracaso político, el distributismo como doctrina siguió siendo un punto de referencia para los estudiosos de los procesos políticos y económicos. La base conceptual del distributismo es la crítica de Chesterton al estado de cosas, que en razón de las circunstancias ideológicas contemporáneas al autor, se centra principalmente en el capitalismo. En esto hay que tener un extremo cuidado en la interpretación, porque como bien lo afirma nuestro autor, en realidad el capitalismo debería llamarse “proletarianismo”, ya que no responde a lo que su nombre originalmente propone.8 Más aun, Chesterton puede decirse, no está en contra del capitalismo sino a favor de la propiedad privada, además la palabra capitalismo significa muchas cosas que pueden ser contradictorias.9 Creo que hay que evitar al menos tres confusiones frecuentes referidas al distributismo y su relación con el capitalismo y el socialismo. En primer lugar, la posición de Chesterton, no puede englobarse en la crítica anticapitalista habitual de la izquierda, que propone resolver los defectos del sistema con el estatismo, o directamente el socialismo.
Tampoco supone, la posición de Chesterton, un cuestionamiento a los valores éticos de Occidente, heredados de la tradición cristiana. Más bien su polémica es con aquellos que distorsionan su sentido auténtico. Finalmente, su propuesta distributista está completamente alejada de la utopía; es, puede decirse, directamente lo opuesto al pensamiento utópico. El problema con el capitalismo es que, en lugar de distribuir el capital, lo concentra y hace que la mayor parte de las personas dependan de un salario precisamente porque no tienen capital. En realidad el capitalismo promueve la escasez de capitalistas, no distribuye la propiedad del capital sino que lo centraliza en pocas manos.
Paradójicamente, esta concentración termina limitando un pilar ideológico del capitalismo, que es el de la iniciativa individual. El desarrollo de su organización tiende a suprimir el individualismo más que a promoverlo. “Capitalismo es una palabra muy desagradable verdaderamente, y es también una cosa muy desagradable. No obstante, cuando la pronuncio me refiero a algo muy definido y muy definible a la vez; lo que ocurre es que ese nombre es miserable para definirlo, pero es obvio que hay que llamarlo de alguna manera. Cuando yo digo “capitalismo” normalmente aludo a lo que se puede expresar con estas palabras: “las circunstancias económicas en las que una clase de capitalistas relativamente pequeña y más o menos reconocible concentra en sus manos tantísimo capital que precisa que una gran mayoría de ciudadanos esté a su servicio a cambio de un salario”. Una situación semejante puede darse y de hecho se da; y hemos de tener alguna palabra para denominarla y alguna manera de discutirla . Pero indudablemente, capitalismo es una palabra inapropiada porque hay personas que la utilizan para expresar otros conceptos muy distintos. Al parecer para algunos define simplemente la propiedad privada; otros suponen que el capitalismo tiene que significar algo que implique la utilización del capital; pero si ese uso es demasiado literal, también es demasiado impreciso y hasta demasiado amplio. Si el capitalismo es la utilización del capital, entonces todo es capitalismo; el bolchevismo es capitalismo y el comunismo de los anarquistas es también capitalismo; y cualquier proyecto revolucionario, por salvaje que sea, es capitalismo; Lenin y Trotsky, al igual que Lloyd George y Thomas, creen que las operaciones económicas de hoy forzosamente tienen que dejar algo para las operaciones económicas del mañana. Y es eso justamente lo que significa el capital en un sentido económico. En ese caso, la palabra es inútil. Es posible que el uso que yo hago del término sea arbitrario, pero no es inútil”.10 La respuesta a estos problemas, no viene del reemplazo del capitalismo por el socialismo. Optar entre el socialismo y el capitalismo, decía Chesterton, es como tener que elegir entre que todos los hombres se metan a frailes o que algunos tengan un harén.
El socialismo es un sistema utópico basado en la sospecha sobre el auténtico valor de la propiedad privada como ideal. Para nuestro héroe, la propiedad es un ideal verdadero, un timbre de honor, no una concesión al egoísmo, o el fruto de la supremacía de los poderosos. Por ello, el socialismo, por utópico y enemigo del orden natural, está destinado al despotismo.11 En la experiencia histórica el capitalismo y el socialismo han mostrado menos diferencias de lo esperado. Ambos descansan en la misma idea: una centralización de la riqueza que termina recortando la difusión de la propiedad privada.
El último punto de la crítica de Chesterton al estado de las cosas, se refiere a su rechazo a la utopía. El pensamiento utópico está en la raíz de los dos sistemas que dominaron la realidad política del siglo pasado, el capitalismo y el socialismo. La utopía es la expresión de la directa contradicción a la realidad, por ello es siempre despótica, significa regimentación y no emancipación.12
Actualidad del distributismo
Nos preguntamos en que sentido puede reconocerse al distributismo chestertoniano como una propuesta actual. Posiblemente, sus recomendaciones concretas, deban ser revisadas a la luz de nuevas realidades. Ciertas cuestiones relacionadas con las pequeñas empresas y la propiedad rural y el desarrollo de las habilidades artesanales, están incorporadas como una política específica en muchos países. Su precisión referida a la insuficiencia de la demanda agregada, como contradicción destructiva del capitalismo, se anticipa a la crisis del 30 y a toda la elaboración analítica posterior de este grave problema. Hoy la estabilidad macroeconómica no está en discusión, pero sigue siendo una meta difícil para el sistema económico, brindar un adecuada participación en la riqueza generada, o permitir el acceso a la propiedad para muchos, respetando integralmente a las personas y fortaleciendo su libertad. No es casualidad que el presidente de Estados Unidos, haya propuesto para el siglo XXI, conformar una república de propietarios. Ello, un objetivo distributista, es hoy todavía una meta a lograr, una tarea a realizar. En los tres siguientes puntos quiero ilustrar con ejemplos, como las ideas de Chesterton pueden ayudarnos a entender la raíz de algunos de nuestros problemas económicos más importantes.
La disyuntiva entre la eficiencia y la equidad
Hace algunas décadas se discutió en el ámbito de la ciencia económica la disyuntiva entre equidad y eficiencia. Dejar actuar al mercado aseguraba el imperio de la eficiencia. Compensar los resultados del mercado con los impuestos y las políticas sociales era la recomendación convencional, pero tenía un costo en crecimiento, no debía extremarse.
La economía de mercado funciona en base al premio a la eficiencia. El agente económico que produce lo que el mercado demanda y lo ofrece al precio y en las condiciones más ventajosas, obtiene el éxito sobre sus competidores. Como bien explicó Joseph Schumpeter, en la sociedad capitalista el progreso económico equivale a agitación. Constantemente se materializan posibilidades de lograr beneficios mediante la producción de cosas nuevas o viejas, pero hechas en forma más económica merced a nuevas inversiones . Los nuevos métodos y productos compiten con ventaja con los antiguos productos y antiguos métodos, a los que lleva en definitiva a la muerte. Así se produce el progreso en la sociedad capitalista.
El premio para el que acierta en un negocio, fruto en cierta medida del azar, es generalmente desmesurado. Esto, como en un juego de lotería o de ruleta, provoca la admiración de los perdedores, que lejos de verse desalentados buscan otra oportunidad, renovando su apuesta y volcando mayores energías, con la esperanza de lograr el premio en la siguiente oportunidad. El proceso capitalista, no por coincidencia sino por virtud de su mecanismo, eleva progresivamente el nivel de vida de las masas.
Ahora bien, en los últimos años ha mejorado el nivel de vida en las economías avanzadas, pero se ha producido una acentuación en la concentración del ingreso. En Estados Unidos, que tiene un registro estadístico confiable, se ha comprobado que el diez porciento más rico de la población recibe aproximadamente el 30 por ciento del ingreso y el diez porciento más pobre solamente el 1,9%. El fenómeno se presenta simultáneamente con una mayor inestabilidad laboral y dificultades para lograr trabajos bien remunerados, lo que hace más difícil para muchos, conservar el nivel de vida alcanzado, y para otros, lograr la oportunidad de una vida decente. En gran medida la brecha que impide un desempeño laboral adecuado , se relaciona con carencias educativas y culturales. Daría la impresión que el avance tecnológico sigue dos direcciones fundamentales: básicamente ahorra trabajo con intensidad, y en segundo lugar, apunta a sostener un consumo cada vez más sofisticado y artificial.
En esto último, hay una radicalización del individualismo y la búsqueda de placer como un valor central de la sociedad, que se expresa en el consumo sin ninguna consideración a sus efectos directos o indirectos. Por otra parte, el consumo de bienes públicos como la educación y la salud, cada vez más indispensables para los más desprotegidos, se deterioran en su calidad. El Estado, dominado por lógicas burocráticas contrarias al bien común y al servicio de intereses sectoriales, no puede mantener una provisión adecuada de los bienes públicos. Todo ello grava pesadamente sobre los más pobres. Así, la sociedad termina dividida en dos grupos que no logran su objetivo. El de altos ingresos no puede lograr a través del consumo ilimitado la felicidad que implícitamente ansía. Por su parte, el sector más debilitado, no puede acceder a un consumo elevado porque no tiene la estabilidad laboral ni los ingresos necesarios.13
La contradicción que marca Chesterton, entre un sistema capitalista que requiere para asegurar su expansión un aumento constante en el consumo, pero que debe ser financiado con salarios que son insuficientes, ya que ello permite incrementar las ganancias y sostener la productividad con nuevas inversiones, sigue gravitando bajo estas nuevas formas.14 Los problemas de coordinación en el sistema capitalista también siguen presentes, porque el supuesto del servicio al bien común, a través del funcionamiento automático del sistema, no se lograba cuando Chesterton escribía, ni tampoco se logra hoy. En aquella época, los desajustes dieron lugar a una mayor intervención del Estado. Hoy se requieren otros medios.15 Han sido propuestas diversas iniciativas, que buscan fortalecer la acción subsidiaria de las organizaciones privadas sin fines de lucro, favoreciendo una mayor pluralidad de centros de decisión y de lógicas de acción, que ayuden a conjugar la eficiencia con la solidaridad. A los males históricos del estatismo burocrático, se asocia hoy un nuevo peligro, vinculado con la falta del reconocimiento del Estado, de un orden moral superior de base religiosa. Desconocer este orden afecta la dignidad personal y puede derivar hacia abusos totalitarios.16
En definitiva la intuición de Chesterton y del distributismo tiene plena actualidad: si el régimen económico no es capaz de ofrecer de manera constante buenas oportunidades de trabajo asalariado y de acceso a la propiedad, la sociedad pierde el equilibrio de una razonable igualdad. En este caso su funcionamiento debe revisarse.17
El problema del gigantismo
El gigantismo es una realidad de nuestra economía contemporánea. La globalización favorece el desarrollo de negocios a escala mundial, es decir empresas organizadas en vista al mercado global y productos y servicios elaborados y vendidos con esa perspectiva. Toda la crítica de Chesterton al “Big business” puede aplicarse con poca adaptación a nuestra realidad globalizada. Aunque sin duda debe reconocerse que las ventajas puramente económicas de este estado de cosas son de cierto peso, lo que da un justificativo a su expansión. Deseo ocuparme de un aspecto del gigantismo contemporáneo, que se ha agudizado en las últimas décadas y afecta nuestra vida diaria. Me refiero a la congestión urbana y al desordenado crecimiento de las ciudades.
Las ciudades han crecido rápidamente impulsadas por las ventajas de la aglomeración. En el 2001 el setenta y dos porciento de la población de la Argentina vivía en ciudades de más de 100.000 habitantes y el treinta y cuatro porciento en Buenos Aires y el conurbano. Algo similar sucede en Estados Unidos y en Europa.
A favor de las grandes ciudades juegan diversos efectos económicos importantes. El más notorio es la reducción del costo de transporte de los bienes pero también la facilidad del encuentro de las personas y de las ideas. La ciudad gigante favorece la multiplicación de las relaciones entre las personas. Tres personas pueden establecer hasta tres relaciones, diez personas cuarenta y cinco y cien, potencialmente, cuatro mil novecientos cincuenta. En una ciudad de diez millones de personas la cantidad posible de relaciones entre las personas alcanza a cincuenta trillones. Ahora bien, las relaciones personales pueden ser de distinto tipo. Por ejemplo el comercio es una de ellas. En el intercambio de bienes o servicios, la atención está puesta en la cosa que se comercia no en las personas que se vinculan.
Milton Friedman dice que la ventaja del capitalismo, es que para comprar una lata de conserva, no interesa ni la raza, ni la religión, ni el sexo del cajero. Es más, podría ser reemplazado por una máquina expendedora. Estas relaciones son sólo de intercambio, no van más allá. La relación de carácter utilitario instrumental, permite obtener grandes beneficios en la gran ciudad, en cuanto hay una gama muy amplia de servicios personales disponibles, de elevada especialización y tecnificación. El intercambio se hace a precios más altos en la gran ciudad, porque la calidad de los bienes y servicios es mucho mayor. Por ello, las personas deben aprovechar su tiempo y darle un elevado rendimiento, de manera de poder vivir y aprovechar los beneficios de la gran ciudad.
El alto costo del tiempo en la gran ciudad, invita aa ahorrar en las relaciones personales en que el foco está puesto en la persona con quien se relaciona, y no en el objeto que se intercambia. Las relaciones personales cuando se ahondan, crean un bien común entre ellas que las favorece y enaltece. Pero esta forma de relación- la amistad o el amor- requiere mucho tiempo. Por eso tiende a escasear y ser reemplazada por las relaciones de intercambio. En la gran ciudad se paga un costo oculto pero creciente: el avance de la masificación y del trato impersonal, en detrimento de la vinculación más personalizada. Para resolver esto, el economista E.F. Schumacher proponía tratar de establecer una “escala humana” en la organización de la economía, la tecnología y las ciudades. El criterio era elegir aquello bueno para las personas y adaptar lo demás a este paradigma, y no al revés, como está organizado hasta ahora nuestro mundo. 18 En la “escala humana” la situación está bajo control y todos los que participan son tratados como personas y pueden establecerse relaciones interpersonales satisfactorias. Por ello, para conservar una situación controlada, satisfactoria para las personas, se requiere poner límites muy claros al tamaño de las ciudades y de los grupos sociales.
Otro aspecto indeseable de esta forma de relación impersonal, se relaciona con la probabilidad de ser víctima de un crimen: es el doble en las ciudades de más de un millón de habitantes con respecto a las menores. También es mucho mayor el número de personas por debajo del nivel subsistencia o pobreza, que habitan en las grandes ciudades. ¿Por qué los pobres prefieren las grandes ciudades? Existen ciertas ventajas que se logran por el menor costo del transporte público, los bienes públicos más abundantes y de mayor calidad, y la mayor abundancia de los planes sociales. También se forman redes sociales que identifican ciertos lugares y compensan, en alguna medida, las desventajas de la pobreza. pero a los pobres, también les alcanza el efecto del dominio de las elaciones impersonales. Un aspecto que explica el mayor costo de vida en la gran urbe se justifica por la carga adicional de la aglomeración, que debe salvarse con ingentes inversiones de capital. En la gran ciudad, la tierra sube de valor en ciertas áreas y esto acentúa el interés por profundizar los excesos del gigantismo. En algunos casos se desata la especulación y el auge del precio lleva los valores a las nubes hasta que se produce la crisis. En Buenos Aires, el gigantismo convive con la intrusión de espacios públicos por desheredados, que son usados por el sistema político a cambio de cierta impunidad. En todo lo expuesto, se ve con claridad como la prioridad debe ponerse en la persona, para profundizar la posibilidad de ejercer la libertad, y ello está asociado al acceso a la propiedad, que es la tesis del distributismo.
La paradoja de la felicidad
La realidad de los países más ricos nos muestra una sensible mejora en las condiciones de vida materiales de las personas. Aun con todas las limitaciones que las estadísticas tienen, es indiscutible que han mejorado sustancialmente los ingresos medios de cualquier habitante de Estados Unidos o Europa, e incluso de la Argentina. El poder de compra del consumidor medio, ajustado por inflación se ha más que duplicado desde la segunda posguerra, acompañado por un aumento sustancial de la esperanza de vida e innumerables avances en la comunicación, el transporte, la vivienda y las condiciones de vida en general. Dejando de lado situaciones particulares, un análisis convencional nos llevaría a esperar que el ciudadano promedio debiera sentirse mucho más feliz hoy que hace cincuenta o sesenta años. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Desde hace muchos años se realiza un registro a través de encuestas, de como se evalúan las personas en términos del grado alcanzado de felicidad. Los resultados demuestran que una vez que se superan los niveles más elementales de subsistencia , los incrementos adicionales en el ingreso, no parecen provocar ninguna modificación favorable en el porcentaje de personas que se manifiestan como muy felices o simplemente felices.
En Estados Unidos por ejemplo el porcentaje de ciudadanos que se manifiestan como “muy felices” ha permanecido constante alrededor del treinta por ciento del total, mientras que los que dicen que “no están muy felices” tampoco han reducido significativamente su participación. La paradoja entonces consiste en que las personas son más ricas pero no son más felices. El refranero popular refrenda este resultado que no sorprendería a la mayor parte de las personas: “La riqueza no hace la felicidad”. Pero, desde el punto de vista analítico, las cosas no son tan sencillas, por dos razones básicas : 1) la mayor riqueza es en gran medida fruto del esfuerzo voluntario de las personas, y 2) el hombre libre busca su propia felicidad y es el mejor juez de lo que la conforma en cada caso. Por ello, para poder aclarar la paradoja de la felicidad, es necesario explicar las razones por las que la gente elige modos de vida que suponen una mayor riqueza pero no resultan en una mayor felicidad. Sabemos por ejemplo, que un fenómeno bastante curioso se relaciona con el tiempo de trabajo. La cantidad de horas trabajadas fuera del hogar, lejos de reducirse han aumentado y especialmente las mujeres han asumido crecientes responsabilidades laborales remuneradas.
Por otra parte, sabemos que la felicidad está más asociada al cultivo de la amistad, un buen matrimonio, la crianza y educación de los hijos, la participación en tareas comunitarias y cosas semejantes. Todo esto requiere mucho tiempo, situación que conspira con la dedicación unilateral al trabajo y se ve claramente perjudicada por el creciente activismo laboral. Una respuesta en cierta forma inmediata, sería reconocer que, por definición, siempre se elige lo que se prefiere y por tanto lo que nos hace más feliz. Si trabajamos sesenta horas por semana y no disponemos de tiempo para otras actividades, se sigue que lo que nos hace feliz es el trabajo, o al menos más feliz que no trabajar, sino no lo haríamos.
La otra posible respuesta se relaciona con la complejidad de ciertas decisiones que debemos tomar, que no están aisladas de lo que hacen otras personas. En el marco de la competencia de mercado nos vemos obligados a hacer cosas que nos permitan “mantenernos en la carrera”, sin que estemos de acuerdo con las condiciones de partida en que nos vemos obligados a competir, pero no podemos bajarnos sin pagar un precio insoportable. Estrictamente, estamos eligiendo cierto modo de vida que no nos hace más felices, pero tampoco queremos la alternativa porque, no existe o es peor. Pero, ¿qué es la felicidad para Chesterton?. En Ortodoxia nos dice que “el hombre feliz es el que hace mayor número de cosas inútiles”19. Con ello nuestro héroe pone las cosas en su lugar y establece una clave de interpretación. Buscamos con tanto afán la utilidad que nunca alcanzamos la felicidad Pero es más importante buscar la felicidad antes que la riqueza, porque es preferible ser pobre y feliz que rico e infeliz.20En ese camino, si queremos aceptar la felicidad como nuestro maestro, sabremos que sus exigencias son elevadas, porque nos enseña que para lograrla, debemos aceptar el desprendimiento de muchas cosas que no son propiamente necesarias. 21
Conclusión
La revisión de la biografía y los textos de Chesterton y el distributismo nos ofrecen una perspectiva original y valiosa, para examinar los problemas económicos y sociales de nuestra época. Su orientación humanista, le otorga a su doctrina una actualidad permanente y particularmente oportuna, frente a ciertas tendencias de la evolución social y económica. Todo esto es una prueba más de la enorme talla intelectual de nuestro héroe.
FUENTES CONSULTADAS
G.K. Chesterton, 1917, Ortodoxia, Editorial Calleja, Madrid. G.K. Chesterton, 1927, The Outline of Sanity, Dodd, Mead and Company, New York. G.K.Chesterton, G.K. 1953, A Handful of Authors : Essays on Books and Writers, Sheed and Ward, New York. G.K.Chesterton, 1963, The Man Who Was Orthodox, a selection from the uncollected writings, Dennis Dobson, London. G.K.Chesterton, 1968, Tremendous Trifles, Cox and Wyman Ltd., London. G.K.Chesterton, 1969, All Things Considered, Cox and Wyman Ltd, London. George Marlin, Richard Rabatin, John Swan, 1986, The Quotable Chesterton, Ignatius Press, San Francisco. Pearce, Joseph, 1998, G.K.Chesterton, Encuentro Ediciones, Madrid. Secco, Luis Ignacio, 1998, Chesterton, un escritor para todos los tiempos, Ediciones Palabra, Madrid.
Notas 1 “Así no faltan hoy teólogos que niegan la existencia del pecado original, que es el único punto de lateología cristiana realmente susceptible de prueba”, Chesterton, G., 1917, Ortodoxia, Ed.Calleta, Madrid, p.22. 2 “Cuando un grupo de desdeñosamente benevolentes economistas mira desde su altura hacia el abismo de la superpoblación, seguramente hay una única respuesta que darles, y es decirles: si hay un exceso, ustedes son ese exceso. Y si a algunos se deberían suprimir, serían precisamente ellos”. Chesterton, G.,1942, Charles Dickens: Last of the great men, Press of the Reader’s Club, New York, p.126. 3 Cfr. Pearce, Joseph, G.K. Chesterton, Encuentro Ediciones, Madrid, 1998 p.400. 4 Cfr. Pearce, Joseph, G.K. Chesterton, Encuentro Ediciones, Madrid 1988, p.403. 5 Chesterton,G.K.1927, The Outline of Sanity p.87 “Doy aquí meras ilustraciones de mi primera tesis general: que ni siquiera ahora estamos hacienda todo lo que podría hacerse para resistir el empuje del monopolio, que le gente habla como si no pudiera hacerse nada al respecto. Esta aseveración es falsa desde su base; e inmediatamente me aparecen en la mente toda clase de respuestas que la contradicen”, 6 Chesterton,G.K, The Outline of Sanity, 1927, p.92. “Aquí, por ejemplo, hay media docena de cosas que se podrían hacer para ayudar el proceso de los distributistas…1) Gravar los contratos de manera tal que desalienten la venta de pequeñas propiedades a grandes propietarios…2) algo parecido a la ley testamentaria napoleónica y la destrucción de la primogenitura, 3) concederles defense legal gratuita a los pobres, de manera que la pequeña propiedad siempre se pueda defender contra la grande, 4) La protección deliberada de ciertos experimentos en pequeñas propiedades…5) Subsidios para fomentar el desarrollo de dichos experimentos,6) una liga de trabajo voluntario, y un gran número de otras cosas del mismo tipo”, 7 Cfr Pearce, Joseph, G.K. Chesterton, Encuentro Ediciones, Madrid 1988, p.409. 8 Chesterton,G.K, The Outline of Sanity, 1927, p.7. “EL capitalismo debería ser llamado proletarismo”, 9 Chesterton,G.K, The Outline of Sanity, 1927, p.6. “Si el capitalismo significa propiedad privada, yo soy capitalista. Si el capitalismo significa capitaI, todo el mundo es capitalista”, 10 Pearce, Joseph, G.K. Chesterton, Encuentro Ediciones, Madrid 19881988, pp.404-405. 11 Chesterton,G.K, The Outline of Sanity, 1927, p.48. “El socialismo es un remoto sueño utópico de imposible cumplimiento, y a la vez un abrumador peligro práctico que nos amenaza en todo momento”, 12 Chesterton, G.K. 1953, A Handful of Authors : Essays on Books and Writers, Sheed and Ward, New York, p.146. “Siempre me pareció que la utopia es más reglamentación que emancipación; es una monarquía en el antiguo y exacto sentido de la palabra; su mundo ideal es el mundo que ella desea, no el mundo que el mundo quiere.” 13 Chesterton,G. K, The Outline of Sanity, p.29. “El sistema capitalista, bueno o malo, justo o injusto, descansa sobre dos ideas: que los ricos siempre van a ser suficientemente ricos como para emplear a los pobres, y los pobres suficientemente pobres como para necesitar ser empleados. Pero tambien presume que cada lado está negociando por sup arte, y que nadie piensa en el público en primer lugar…el capitalismo alega que es a través de este regateo que se sirve realmente al público”, 14 Chesterton, G. K, The Outline of Sanity, 1927, p.30. “SI el capitalismo no puede ofrecer una paga que tiente a los hombres a trabajar, está, según sus propios principios simplemente en bancarrota”, Chesterton,G. K, The Outline of Sanity, 1927, p.30. 15 Chesterton, G. K, The Outline of Sanity, 1927, p.30. “Lo cierto es que todos han abandonado hoy en día el argumento en el que se basaba todo el Viejo capitalismo: aquél según el cual si se les dejaba a los hombres regatear individualmente, el público iba a ser automáticamente beneficiado”, 16 Chesterton,G.K, The Outline of Sanity, 1927, p.9. “La crítica del estado solo puede existir donde un sentido religioso de justicia proteje el derecho de cada uno a su propio arco y flecha, o, por lo menos, a su propia pluma o su propia imprenta”, 17 Chesterton,G.K, The Outline of Sanity, 1927, p.17. “La teoría según la cual los que comienzan siendo razonablemente iguales no pueden permanecer razonablemente iguales, es una falacia fundada enteramente en una Sociedad en la cual su comienzos son extremadamente desiguales”, 18 Schumacher, E.F. , 1978, “Technology in human perspective”, Nebraska Journal of Economics, winter, pp.7-21. 19 Cfr. Chesterton, G.K, Ortodoxia, Editorial Calleja, Madrid,1917, p.30 20 Chesterton,G.K, The Outline of Sanity, 1927, p.165 “Si podemos hacer a los hombres felices, no importa que los hagamos má pobres, no importa que sean menos productivos, no importa que sean menos progresistas, en el sentido de meramente cambiar su vida sin aumentar el gusto por ella”, 021 Chesterton,G.K, The Outline of Sanity, 1927, p.164“La felicidad es en cierto sentido, un duro maestro. Nos enseña a no involucrarnos en tantas cosas que son…superficialmente atractivas”.
THE CHESTERTON REVIEW EN ESPAÑOL - VOL. 1 NRO. 1 - 2007
Primera Conferencia Internacional Iberoamericana
Actualidad de Chesterton en la crisis de nuestra cultura
Del 21 al 24 de Septiembre de 2005
Buenos Aires, Argentina
LA REVISTA DEL INSTITUTO G.K. CHESTERTON
PARA LA FE Y LA CULTURA
SETON HALL UNIVERSITY