sábado, 26 de octubre de 2024

G. K. Chesterton: Diversos entre Contrarios



G. K. Chesterton: Diversos entre Contrarios

Eduardo B. M. Allegri
En estos días de homenaje, es el momento de hablar de la influencia de Chesterton en la Argentina. Miremos, pues, a qué llamamos influencia, y a qué llamamos homenaje. Si nos atenemos a las palabras, será cuestión de ver de qué modo fluye Chesterton entre nosotros, de qué modo somos algo de su hechura; o, si acaso, apenas nos ha barnizado su nombre. Porque, o somos intrínsecamente chestertoníanos o lo somos de modo extrínseco. Fluye dentro nuestro o por fuera. Nos es propio aunque esté lejos, o nos es extraño aunque camine a nuestro lado, confundido entre muchos, pese a su aspecto inconfundible. O deformado. Malversado, tal vez. Habrá que ver si él nos informa. Y en qué, y en qué medida y de qué modo somos a su imagen y semejanza. O no. Lo mismo respecto de la palabra homenaje. El origen provenzal del término designa el juramento de fidelidad a un señor o a un rey. Y el diccionario nos indica que su antónimo, su opuesto, es el olvido. Tanto como la infidelidad, según el origen de la propia palabra. De modo que estamos en las mismas: hablar de su influencia es hablar acerca de cuánto lo hemos homenajeado, es decir, hablar acerca de en qué y en cuánto le hemos sido fieles en la Argentina.
En esta menuda intervención, no es sencillo hacer el catálogo exhaustivo de las apariciones de Chesterton en nuestro medio. Son incontables y tan dispares.. Así las cosas, me atrevería a esbozar una clasificación, método siempre cómodo, si hay que apurarse. Chesterton es, al menos, cuatro clases de cosas en la Argentina, y en algunos de estos rubros los argentinos no somos inéditos, porque pasa esto mismo con él en otras partes.
1. Chesterton es una cita oportuna. Y a veces, sólo la firma al final de una frase que sí non é vera é ben trovata. En cualquier caso, Chesterton es un autor citable, tanto como citado. Muchas declaraciones y apotegmas, muchas elucubraciones felices o no y hasta evagaciones de la mente, pueden ser vestidas o adornadas con el ingenio de nuestro autor, con su auténtica y formidable capacidad para la definición de las cosas, como diría Belloc, o, simplemente, con una frase “Chestertoniana” en su formulación pero completamente inexistente. En cualquier caso, aun esto último, tan apócrifo y a veces tan irresponsable, es un indirecto homenaje a los grandes autores. Nadie se toma el trabajo de atribuirle frases posiblemente ingeniosas a un Don Nadie.
2. Chesterton es entre nosotros una referencia obligada en materia de obras policiales y de supense. El hombre que fue Jueves, tanto como la serie del Padre Brown, son bastante más que clásicos y van a la cabeza de las menciones en esta materia, en la historia literaria del siglo veinte y en lo que va de éste. Se las tiene por la encarnación misma de una especie de decálogo para el buen escritor de detectives, y, gustos más o menos, no se pueden soslayar, bajo pena de ignorancia imperdonable. No parece importar mucho habitualmente si para el propio Chesterton las suyas eran invenciones por lo menos detectivescas, aunque no solamente detectivescas. Es bastante común la ablación quirúrgica a que lo sometió una buena parte de sus cultores y seguidores narrativos, tal vez siguiendo aquel dicho de Borges ante su muerte en 1936, al tiempo que lo trataba de Padre la Iglesia, (en Modos de G. K. Chesterton, en Sur, número 22, pp. 47 53)1 : ”Chesterton -¿ quién lo ignora ?-fue un incomparable inventor de cuentos fantásticos. Desgraciadamente, procuraba educirles una moral y rebajarlos a meras parábolas. Felizmente, nunca lo conseguía del todo.”
3. Chesterton -y nos vamos adentrando en terrenos más peligrosos para una figura que hasta las dos primeras clases de cosas era indiscutída y en cierto sentido hasta inocua-es también un polemista temible y paradigma de polemístas. Y apologista diestro, novedoso, cordial y difícil a la vez. Y esto principalmente en materias socio-economico-politico-culturales, ya sea que las polémicas vengan envueltas en ropajes literarios, periodísticos o apologéticos. Se sabe que sus armas preferidas fueron el humor, la racionalidad severa -pero no rígida-y la paradoja, verdadera estructura mental. También aquí, como en el caso anterior, se le admira la destreza en el uso de sus herramientas más que la causa por la cual las empuña. Es decir, en estos tres primeros rubros, para muchos nuestro autor es, antes que un contenido y un continente acorde, un lujoso continente con un disculpable contenido.
4. Chesterton es, finalmente, también entre nosotros padre de generaciones de intelectuales y artistas de todo orden. Padre espiritual y ciertamente bastante prolífico, tal vez y sin tal vez más en algunas épocas pretéritas que hoy, aunque todavía vigoroso y potente. Pero, en este último rubro, se distingue por su alimento no solamente racional, con ser siempre fecundo y nutritivo. Chesterton es también, para no pocos, un poeta teólogo y filósofo a la vez, un literato apóstol, un modelo, tanto artístico como espiritual y existencial.
La más grave y densa clase de hombre que, si bien llega hasta nosotros en letras de molde, en forma de libro, va directo a lo más hondo de la interioridad, y no sólo produce adhesión y entusiasmo intelectual sino además y principalmente una especie de metánoia, una conversión intelectual y a veces espiritual.
En la Argentina se lo recibió y se lo leyó. En inglés, primero. Ya en la década de 1910 aparecían traducciones de Benjamín Bourse en la revista Estudios de la Compañía de Jesús. También están las tempranas manifestaciones de Manuel Gálvez (algunas decepcionadas, como sus menciones en el tomo 111 de sus Recuerdos de la vida literaria, Buenos Aires Hachette, 1962, pág. 11: “No he de callar que ninguno de los artículos de estos europeos -se refiere a las esperadas colaboraciones de Chesterton, Belloc, Marítain, Maeztu y Papini para la reciente Criterio de 1928-interesó de veras. Recuerdo con qué apasionada expectativa esperábamos todos la colaboración de Chesterton -que por cierto costó un ojo de la cara-y cómo nos decepcionó. Tratábase de un artículejo mediocre sobre el Libro de Oraciones de la Iglesia Anglicana..”); y las primeras ediciones llegadas de España en las traducciones por ejemplo de Alfonso Reyes (para la Casa Saturnino Calleja). El tráfico chestertoniano fue incesante entre nosotros. Se verá en esta mesa después, y en estos días, cómo todavía en vida, Chesterton vino a unirse al esfuerzo de casi dos generaciones de las más brillantes que tuvo la Argentina, entre las décadas de 1920 y 1950.
Un día, nuestro país se sintió en fuerza suficiente -y creo que con razones y hasta con razón-para encarar él mismo las ediciones de los libros de Chesterton traducidas por argentinos. Y para pensar con él y en él. La lista de estas ediciones - con ser variada-incluye algunos títulos más mimados que otros por las editoriales. En particular en el género policial, o como prefiera llamársele a lo que Chesterton hacía con los crímenes y los detectives. Es tardía entre nosotros por ejemplo la edición de El Hombre que sabía demasiado, así como es inexistente la edición de El poeta y los lunáticos, que circuló en edición chilena, todavía trouvable en librerías de viejo. Entretanto, mantienen el grado de ícono literario El Hombre que fue Jueves y la serie del Padre Brown.
Su poesía, en cambio, nos la han retaceado los editores.Como hemos dicho, traductores tuvo Chesterton aquí. Entre ellos, y en géneros y textos diversos, están por supuesto J. L. Borges, pero también Mario Amadeo (Lo que está mal en el mundo), Ernesto Palacio (Lo que es, La Espiga de Oro), Julio Cortázar (El hombre que sabía demasiado). Tuvo incluso imitadores y hasta burladores amables -en otro modo de homenaje-como Ignacio Anzoátegui en sus Nueve Cuentos o Conrado Nalé Roxlo en su primera Antología Apócrifa.
O textos completos inspirados en él como El banquete de Severo Arcángelo, de Leopoldo Marechal. O aun en Las Muertes de/ Padre Metri, del Padre Leonardo Castellani, aquel sacerdote a quien Edgardo Cozarinsky llamó “el Chesterton argentino”, en un artículo dedicado a Lugones como defensor de los judíos. Emprendimientos editoriales como La Espiga de Oro, en la década del ‘40, tenían en él un puntal de referencia. Y lo mismo, aunque más lejanamente, las ediciones de La hostería volante, de gente de la Universidad Nacional de La Plata, desde los años’60. Pero tanto Espasa Argentina, Emecé, como Sudamericana, así como Carlos Lohlé, son casas editoras que cuentan con títulos suyos, igualmente LEA, Librería Huemul, Heroica, Fabril Editora, así como, antes, Poseidón, o las Ediciones Argentinas Cóndor -que distribuía la Editorial Tor en los’30-(con una edición curiosa de la Vida de Dickens, con prólogo de Rafael Alberto Arrieta, en el que trata la casual relación de Dickens con... Sarmiento, que apenas si viene a cuento.) Por supuesto que hay hasta librerías que también llevan su nombre. Recuerdo ahora una en Mar del Plata ¿Quién es Chesterton? -en Belgrano y Corrientes, que tiene un ofensivo cartel de No Fumar, junto a un poster de GKCh portando un tremendo y humeante cigarro...
Con todo, menor suerte tuvo nuestro autor al momento de ser tomado muv en serio: esto es: lograr esa envergadura solemne y prócer que permite acceder a los estrados académicos como objeto de estudio, o para ser bibliografía obligatoria u objeto de tesis, tesinas e investigaciones. Es rara su presencia en las aulas, más allá del consabido ejemplo de lecturas policiales (muchas veces de la mano de otros: habitualmente Borges e incluso hasta Alejandro Dolina, por ejemplo, quien, entre las quinientas novelas policiales que dice haber leído en su adolescencia, figura este autor como favorito.)
Es difícil citar un trabajo de cierta enjundia publicado entre nosotros. Recuerdo entre las producciones recientes uno aparecido en la revista Gramma, de la Universidad del Salvador, donde la Licenciada Alejandra Alonso trata filológicamente la paradoja chestertoniana. No es elegante mencionar ahora el trabajo que un servidor publicó en la editorial de esta Casa hace unos ocho años ya: Aproximación a Chesterton. En rigor, fue una iniciativa encomiable del doctor Juan Luis Gallardo.
Pero no es redundante recordar que la materia que Chesterton aporta en sus obras -incluso en los aparentemente pasatistas relatos detectivescos-, siempre ofrece riquezas, muy aptas para la investigación y el estudio académico, algo que parece haber visto con mayor lucidez Antonio Gramsci, fanático de El Napoleón de Notting Hill y de los cuentos del Padre Brown: “Hay dos cosas que aún no me han entregado: la bibliografía fascista y los cuentos de Chesterton. Tengo ganas de leer lo segundo por dos razones: en primer lugar porque estoy seguro de que serán tan interesantes como la serie anterior y en segundo lugar porque intentaré imaginar la impresión que te producirán. Lo segundo resultará, sin duda, lo más agradable. Tengo un recuerdo muy nítido de tu reacción a la primera serie. Estabas completamente abierto a lo que estabas leyendo y no notaste los elementos culturales residuales. Ni siquiera fuiste consciente de que Chesterton había escrito una caricatura muy sutil de los cuentos de detectives en vez de auténticos cuentos de detectives. El padre Brown es un católico que se bulla de los hábitos mentales mecanicistas del protestantismo. El líbro es fundamentalmente una defensa de la Iglesia católica frente a la iglesia anglicana. Sherlock Holmes es el detective protestante que desata el complejo nudo del crimen trabajando desde fuera, ufilizando métodos científicos y experimentales basados en la inducción. El Padre Brown es un sacerdote católico que utiliza la sutil experiencía psicológica que ha adquirido en el confesionario y en la vigorosa casuistica moral de la patristica; aunque no desprecia el método cientifico y la experimentación se apoya fundamentalmente en la deducción y la introspección. De esta forma, supera ampliamente a Sherlock Holmes que, a su lado, parece un colegial sabihondo con una visión de la vida bastante límitada. Lo que es más, Chesterton era un gran artista mientras que Conan Doyle era un escritor de segunda fila por mucho que le diesen un título de nobleza en base a sus supuestos meritos como literato. En Chesterton, la divergencia entre la materia narrativa, la historia de detectives, y la forma resulta en una sutil ironía que hace que los cuentos resulten más divertidos»
Una de las importantes realizaciones editoriales de nuestro país fue la colección del Séptimo Círculo, dedicada íntegramente a la novela poficial. Ahora en reedición, se inauguró en 1945 bajo la dirección -para los primeros 120 volúmenes-de Borges y Adolfo Bioy Casares. Es curioso, sin embargo, que entre los 366 de la colección completa, no figura ninguna obra de Chesterton. No obstante ello, la mayoría de los escritores recientes, como por ejemplo Isidoro Blaisten, Juan Sasturain, Juan Carlos Martini, Antonio Laiseca, Enrique Molina, y otros - que son casi todos los demás autores argentinos, además de estas pocas menciones arbitrarias-, aquellos que han escrito relatos policiales o de suspenso, tanto como otros a propósito de teoría literaria, desde Enrique Anderson Imbert hasta Beatriz Sarlo, lo han mencionado canónicamente alguna vez y dicen deberle su ejemplo en las formas, así como celebran o discuten sus leyes para el relato detectívesco eficaz, que tanto encomiara Borges, o teorizan sobre su estilo paradojal. Por cierto que Rodolfo Walsh lo incluye con admiración en su Operación masacre -novela emblemática para una corriente política y una generación-, en el capítulo 27 de la segunda parte. Lo ha hecho, también, Emesto Sábato, por ejemplo en un texto de curioso trámite que se salvó de las llamas. La fuente muda es una novela de 1930 que el autor quemó. El único capítulo que se salvó, La muerte en el barro, conserva una discusión de revolucionarios en torno al argumento de El hombre que fue Jueves. Figura en el tomo de Narrativa de las Obras Completas de Sábato, publicadas por Seix Barrall. Salgamos un momento a la calle, porque más allá de la literatura propiamente dicha, Chesterton adereza toda suerte de ambientes y circunstancias.
El comentarista deportivo Enrique Macaya Márquez suele citar a Chesterton, de quien se ve que es aficionado. Dos comentarios suyos del año 2001, con seis meses de diferencia, se cierran con la misma frase atribuida a nuestro autor. Años antes lo había parafraseado en otro escrito sobre la tensión entre racionalidad y misterio, a propósito de los manejos económicos en el mundo futbolístico. Algo similar ocurre con un oráculo del automovilismo deportivo, Alfredo Parga, que se las ingenió para citar a Chesterton en una nota sobre TC2000 ... No es cosa de extrañar. Charles M. “Chuck” Jones, si vamos al caso, el padre y animador del conejo Bugs Bunny, del Pato Lucas, el Coyote y el Correcarninos, era un voraz lector de Chesterton y gustaba de citarlo.
Otras rarezas acumuló el bueno de Chesterton en nuestras Pampas, algunas de las cuales le habrían divertido. Se lo ha visto citado como final de una crónica del XIl Congreso de la zona Oeste Arenoso de la asociación ruralista AACREA; en declaraciones de la actriz Graciela Borges estableciendo los chestertonianos contrarios para el término divertido. O en el caso del diseñador gráfico Ronald Shakespear para explicar la naturaleza benéfica de la publicidad, que debe servir al hombre común. O por el director televisivo Alejandro Doria, para fundar una emisión de su autoría, protagonizada por Marilina Ross, en la que se refiere a la necesidad de que el periodismo no dé sólo malas noticias. Lo recuerda también como lectura juvenil Enrique de Gandía en sus memorias de la fundación de Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, tanto como el especialista en publicidad Alberto Borrini quien hace un año comentaba en un artículo de su columna, una campaña cervecera de la fábrica Quilmes, la que había inventando el día Osvaldo para tomar cerveza (y otra vez el día Jueves, salió al ruedo, obviamente ... ) En otros términos, están entre las últimas menciones, la del actual miembro de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, quien se fundó en Chesterton para sostener la incapacidad del lenguaje para definir la realidad. Si prefieren está el hotel desde el que se lanzó la campaña de Elisa Carrió: Chesterton. A mayor abundamiento, un afamado restaurateur argentino, Miguel Brascó, especialista en vinos y manjares tuvo un club exclusivo para degustadores y conocedores gastronómicos al que llamó por fanatismo literario The Twelve true Fishermen, tomando el nombre del cuento. El director cinematográfico Leopoldo Torre Nilsson, cuando apenas tenía treinta años -a principios de la década del ‘50- ya había pergeñado una adaptación de -otra vez-El Hombre que fue Jueves. La presentó a la productora Argentina Sono Fílm en 1954, cuando fue llamado a trabajar allí como joven director. No la tuvieron en cuenta; en cambio le pidieron que dirigiera una película con Tita Merello.
Otras extravagancias tal vez no habrían sido tan del gusto de nuestro amigo. El polimorfo escritor y pintor Xul Solar, tenía en su casa de la calle Laprida 1212 -hoy un museo dedicado a su memoria-un estudio astral de Chesterton (la astrología fue una de las múltiples inquietudes del artista argentino.) Chesterton no está solo en ese privilegio. Hay allí cartas astrales dedicadas a Alejandro Magno, Nietzsche, Baudelaire, entre otros. En fin, la lista mezclada y anárquica a propósito de la presencia de Chesterton entre nosotros podría continuar. Creo que no solamente no hay tiempo, sino que no es necesario. Se ha hecho bien en elegir algunos temas y aspectos centrales de la relación de la cultura argentina con Chesterton y tratarlos aparte en este Congreso.
Parece cierto que más allá de su capacidad para ayudar a definir - cierta o apócrifamente-toda suerte de asuntos a través de una cita, más allá de su inventiva narrativa y su fineza racional para tramar y destramar crímenes y postulados, Chesterton tiene más para dar. Y lo da El asunto es que se recibe al modo del recipiente. Y en eso, los argentinos tal vez tampoco hemos sido inéditos. Tenemos con todo una habilidad particular para dividir las cosas en dos y volverlas antagónicas y contradictorias. Podemos dividir el mundo en dos y quedarán progresistas y conservadores, o izquierdas y derechas, modernosos y tradicionalistas, capitalistas o socialistas. Sin embargo, el mundo es disímil, el mundo es una substancia firme y a la vez una riqueza de matices. Chesterton, aun todavía entre nosotros los argentinos, puede resultarnos benéfico también en este sentido.
Es de aquellos hombres que verdaderamente tienen años y más. A la izquierda de la derecha y a la derecha de la izquierda, Chesterton no está en el centro. Es verdaderamente diverso entre contrarios. Tiene una férrea y dulce disciplina: Está del lado de las cosas, de lo que es, del ser. Y él busca, prefiere y goza estar donde lo que es está. Y habla de lo que las cosas dicen. Y aun de lo que callan. Hemos sido, y todavía somos, una sociedad apasionada en no pocos sentidos. El discernimiento nos ha faltado muchas veces, envueltos como solemos envolvernos en cuestiones de partido. Y discernimiento todavía nos falta. Tenemos una alegre forma de andar sobre la faz de la tierra, a veces faltos de gravedad. La ideología nos es más afín que el discernimiento. Y solemos pagar muchas veces con cinismo y escepticismo nuestra pasión sectorial y sectante.
Chesterton es un ancla oportuna también para esto. Él nos ha dicho -también a los argentinos- que siendo pocos como somos debemos ser todos filósofos. En el sentido menos peyorativo que podría tener la palabra filósofo, significa lo que él mismo hizo: buscar lo que las cosas son en realidad, gozarse en ello, amar lo real y la sabiduría y tomar de ese amor gozo y paz y volcarlos a manos llenas. De allí su variedad, de allí su matizada racionalidad y su alegre pertenencia crucificada a lo que fuera verdad. Por eso nos recuerda: “Todo depende de la teoría que se profese. De modo que frente a toda respuesta de la historia, no hay que averiguar sí la respuesta corresponde a nuestros tiempos, sino averiguar si corresponde a nuestra pregunta”.
Entre los argentinos, a veces, ha pasado con Chesterton algo parecido a lo que a los griegos con Homero: cada isla de mar, cada ciudad, porfiaba que Homero había nacido en ella y era su ciudadano exclusivo. Era costumbre antiguamente despedazar los cuerpos que podían significar algo mientras permanecían enteros, aunque estuvieran muertos. Así con algunos mártires, ciertos héroes, algún que otro caudillo, se descuartizaban sus partes para que no hubiera modo de revivirlos de ninguna manera, para que nadie se apropiara del cuerpo entero y la fecundidad del hombre entero -aunque muerto volviera a vivir en la veneración y el culto. Chesterton puede correr -también entre nosotros- el riesgo de ser despedazado, descuartizado. Y en muchos sentidos lo ha sido. Es verdad que es un riesgo que le es intrínseco. Se sigue directamente de su búsqueda de la verdad. Los hombres singulares suelen tener ese destino. Son libres y no se sienten obligados a complacer las exigencias de su clan, y son demasiado obedientes al ser para cortar y pegar la realidad por encargo.
Una prueba argentina de chestertoneidad será mantener el cuerpo entero, aunque resulte una ascesis intelectual, un arduo trabajo anímico, una mortificación espiritual. Esa será una de las pruebas de que hemos sido consecuentes, de que nuestro homenaje es fiel, valga la redundancia, porque no hay verdadero homenaje sin fidelidad.
Notas 1) Modos de G. K. Chesterton, en Sur, número 22, pp. 47 53 Ver las cartas a su hermano Carlo en: Lettere dal carcere.2. vol.. Edción de Antonio A. Santucci. Palenno: Sellerio, 1996. Pp. xli-888.“Lettera al fratello”, Societá 1 (1952), 3-6. (Una carta, 25 de agosto, 1930. Introducción de Giuseppe Carbone. Publicada también en 2000 Pagine, pp. 220-22; y en A. Grarnsci, Lettere dal carcere (1965), pp. 363-65. (Ortodoxia, Espasa Argentina, Col. Austral, pág. 105)
THE CHESTERTON REVIEW EN ESPAÑOL - VOL. 1 NRO. 1 - 2007
Primera Conferencia Internacional Iberoamericana
Actualidad de Chesterton en la crisis de nuestra cultura
Del 21 al 24 de Septiembre de 2005
Buenos Aires, Argentina
LA REVISTA DEL INSTITUTO G.K. CHESTERTON
PARA LA FE Y LA CULTURA
SETON HALL UNIVERSITY

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