Chesterton, el Distributismo y los Problemas Económicos del Presente
Ludovico Videla (Instituto Francisco de Vitoria)
“Transformaremos las instituciones económicas fundamentales de América para el siglo XXI, fomentando una Sociedad de propietarios”. George Bush, 2005.
Introducción
La relectura de mi admirado Gilbert Chesterton es siempre una ocasión para renovar el respeto por su inteligencia, su notable e incisiva prosa y la posibilidad de percibir la enorme energía que transmite, fundada sin duda en su alegría de vivir. La doctrina de Chesterton está basada en la verdad de la naturaleza humana, con toda su grandeza y con todas sus miserias. No por casualidad nos dice que la única verdad teológica de la doctrina católica comprobable es el pecado original, de cuyas consecuencias tenemos evidencias cotidianas. Basta salir a la calle.1
Me toca discutir el aporte de Chesterton para la solución de los problemas económicos del presente. Mis colegas economistas se sorprenderían de la pretensión de recoger algún fruto, de un poeta y novelista del siglo pasado, además católico. Para Chesterton, el escepticismo de los economistas no sería algo nuevo. Su opinión sobre la profesión no era muy favorable, pero quizás si le asombraría, que después de tantos años todavía tuviesen vigencia como principios científicos, supuestos antropológicos erróneos, adoptados por una parte de los practicantes de la ciencia, como por ejemplo el referido a la consideración de cierta población como excedentaria.2 La tesis de este artículo, es que la propuesta de la Liga distributista de Chesterton y Belloc, si bien fue elaborada en vista a un contexto económico que ha cambiado significativamente, sigue siendo en gran medida válida para entender la raíz de algunos de nuestros principales problemas económicos.
En primer lugar presentaré una breve descripción del contenido y significado histórico del distributismo y de la crítica de Chesterton al capitalismo y al estado de cosas en la economía. Posteriormente discutiré algunos graves problemas que están presentes en nuestras economías avanzadas y que demuestran la tesis esbozada.
El distributismo
El distributismo es el nombre de un conjunto de propuestas unidas con los nombres de Gilbert Chesterton, Hilaire Belloc y numerosos asociados entre los que se incluye el conocido sacerdote dominicano Vicent Mc Nabb. El punto de partida era la insatisfacción por el estado de las cuestiones económicas y sociales. Chesterton hacía responsable de los problemas presentes a los crímenes del pasado. Entre ellos, el principal crimen era la Reforma que “había desencadenado en Inglaterra una plaga de arrebata-tierras y arranca-dineros”.3
En realidad, la idea no era originalmente de Chesterton sino que él la había tomado de un ensayo de Hilaire Belloc sobre el estado servil, que a su juicio agobiaba a Inglaterra. Para Belloc, el sistema feudal medieval con todos sus defectos, preservaba una síntesis muy singular entre acción y contemplación, que permitía configurar una sociedad distributista. La privatización de la propiedad común y la apropiación y explotación de las propiedades monásticas por los Tudors, destruyó la sociedad feudal y la reemplazó por el capitalismo industrial, en donde el proletario era forzado a trabajar por un salario y obligado a una forma de vida, que en cierto sentido, recreaba la institución de la esclavitud. Convirtió a la tierra en una mercancía sujeta a las condiciones de la oferta y la demanda. La teoría distributista de Belloc tenía sus raíces en la doctrina social católica, estaba inspirada en Rerum novarum y Cuadragesimo anno y se orientaba a la divulgación de la propiedad privada, especialmente de las herramientas necesarias para el trabajo propio y de la tierra necesaria para asegurar el sustento a la familia.
Un concepto clave era el de subsidiariedad contra la intervención centralizadora y la interferencia del Estado. El gobierno debía ayudar a la construcción de la sociedad distributista, favoreciendo la educación de los artesanos y productores rurales, descentralizando los mercados y protegiendo las empresas y negocios pequeños, con beneficios impositivos, pero a diferencia del estatismo, respetando su autonomía. El objetivo central era reforzar la personalización de la economía, favoreciendo la difusión de la propiedad privada, en particular la rural y permitiendo recuperar un grado mayor de libertad de la gente. El distributismo fue al principio sólo una corriente de pensamiento y doctrina, posteriormente creció en influencia e importancia, hasta convertirse en una organización llamada Liga Distributista y cuyo primer presidente fue Chesterton. En realidad el nombre definitivo surgió después de descartar otros como el de la “Liga de la Propiedad Perdida”, que expresaba mejor el propósito buscado. 4
Pero Gilbert Chesterton no se limitó a una conducción política, sino que profundizó en los fundamentos teóricos de la propuesta. En aquél momento se planteaba una falsa antinomia entre el capitalismo y socialismo. Los defensores del capitalismo, conformados por la poderosa corriente utilitarista del Profesor Pigou, heredera de John Stuart Mill, rechazaban como inabordable y utópico cualquier desvío de las leyes de mercado. El socialismo, por su parte, crecía bajo la influencia del comunismo ruso. El punto de partida del programa distributista, era evitar o al menos moderar el crecimiento de la concentración de la propiedad y la riqueza . Chesterton protestaba porque consideraba que no se estaba haciendo todo lo posible para resistir el empuje de los monopolios, y decía que, cuando la gente habla como si nada pudiese hacerse, esta afirmación es falsa de partida, ya que existen todo tipo de respuestas a esto, que inmediatamente se presentarán a nuestra mente. 5
Más adelante menciona una media docena de propuestas que pueden ayudar el proceso distributista : (a) gravar los contratos de manera tal de desalentar la venta de las propiedades pequeñas a los grandes propietarios y favorecer la división de las grandes propiedades entre pequeños propietarios, (b) modificar la legislación hereditaria a semejanza de la ley testamentaria napoleónica, destruyendo la primogenitura, (c) establecer una excepción legal para los pobres, que los proteja frente a los grandes propietarios, (d) la protección deliberada de ciertas experiencias de difusión de las pequeñas propiedades, con beneficios fiscales, (e)subsidios para promover el inicio de este tipo de experimentos, (f) una liga de voluntariado, y un número de otras cosas similares.6
La propuesta distributista en su esencia deseaba superar el estado servil creando una república de propietarios, en que la riqueza en lugar de concentrarse en pocas manos, diese oportunidad a todos de vivir con dignidad. Era la superación de la pobreza, a través de la difusión de la condición de propietario, facultad que fortalece a la persona y le otorga mayor capacidad para ejercer la libertad y su iniciativa individual. La vida política activa de la Liga Distribustista fue corta. A finales de octubre de 1927 se celebró un debate público, transmitido por radio, entre Chesterton y George Bernard Shaw, moderado por Hilaire Belloc. Según Pearce “ninguno de los que se encontraban aquella noche podía saber que cuando Belloc bajó el telón poniendo fin al debate también estaba poniendo fin a la liga distributista”.7
En poco tiempo después la liga fue desmembrándose y perdiendo adherentes hasta finalmente desaparecer.
Crítica al estado de cosas
A pesar de su fracaso político, el distributismo como doctrina siguió siendo un punto de referencia para los estudiosos de los procesos políticos y económicos. La base conceptual del distributismo es la crítica de Chesterton al estado de cosas, que en razón de las circunstancias ideológicas contemporáneas al autor, se centra principalmente en el capitalismo. En esto hay que tener un extremo cuidado en la interpretación, porque como bien lo afirma nuestro autor, en realidad el capitalismo debería llamarse “proletarianismo”, ya que no responde a lo que su nombre originalmente propone.8 Más aun, Chesterton puede decirse, no está en contra del capitalismo sino a favor de la propiedad privada, además la palabra capitalismo significa muchas cosas que pueden ser contradictorias.9 Creo que hay que evitar al menos tres confusiones frecuentes referidas al distributismo y su relación con el capitalismo y el socialismo. En primer lugar, la posición de Chesterton, no puede englobarse en la crítica anticapitalista habitual de la izquierda, que propone resolver los defectos del sistema con el estatismo, o directamente el socialismo.
Tampoco supone, la posición de Chesterton, un cuestionamiento a los valores éticos de Occidente, heredados de la tradición cristiana. Más bien su polémica es con aquellos que distorsionan su sentido auténtico. Finalmente, su propuesta distributista está completamente alejada de la utopía; es, puede decirse, directamente lo opuesto al pensamiento utópico. El problema con el capitalismo es que, en lugar de distribuir el capital, lo concentra y hace que la mayor parte de las personas dependan de un salario precisamente porque no tienen capital. En realidad el capitalismo promueve la escasez de capitalistas, no distribuye la propiedad del capital sino que lo centraliza en pocas manos.
Paradójicamente, esta concentración termina limitando un pilar ideológico del capitalismo, que es el de la iniciativa individual. El desarrollo de su organización tiende a suprimir el individualismo más que a promoverlo. “Capitalismo es una palabra muy desagradable verdaderamente, y es también una cosa muy desagradable. No obstante, cuando la pronuncio me refiero a algo muy definido y muy definible a la vez; lo que ocurre es que ese nombre es miserable para definirlo, pero es obvio que hay que llamarlo de alguna manera. Cuando yo digo “capitalismo” normalmente aludo a lo que se puede expresar con estas palabras: “las circunstancias económicas en las que una clase de capitalistas relativamente pequeña y más o menos reconocible concentra en sus manos tantísimo capital que precisa que una gran mayoría de ciudadanos esté a su servicio a cambio de un salario”. Una situación semejante puede darse y de hecho se da; y hemos de tener alguna palabra para denominarla y alguna manera de discutirla . Pero indudablemente, capitalismo es una palabra inapropiada porque hay personas que la utilizan para expresar otros conceptos muy distintos. Al parecer para algunos define simplemente la propiedad privada; otros suponen que el capitalismo tiene que significar algo que implique la utilización del capital; pero si ese uso es demasiado literal, también es demasiado impreciso y hasta demasiado amplio. Si el capitalismo es la utilización del capital, entonces todo es capitalismo; el bolchevismo es capitalismo y el comunismo de los anarquistas es también capitalismo; y cualquier proyecto revolucionario, por salvaje que sea, es capitalismo; Lenin y Trotsky, al igual que Lloyd George y Thomas, creen que las operaciones económicas de hoy forzosamente tienen que dejar algo para las operaciones económicas del mañana. Y es eso justamente lo que significa el capital en un sentido económico. En ese caso, la palabra es inútil. Es posible que el uso que yo hago del término sea arbitrario, pero no es inútil”.10 La respuesta a estos problemas, no viene del reemplazo del capitalismo por el socialismo. Optar entre el socialismo y el capitalismo, decía Chesterton, es como tener que elegir entre que todos los hombres se metan a frailes o que algunos tengan un harén.
El socialismo es un sistema utópico basado en la sospecha sobre el auténtico valor de la propiedad privada como ideal. Para nuestro héroe, la propiedad es un ideal verdadero, un timbre de honor, no una concesión al egoísmo, o el fruto de la supremacía de los poderosos. Por ello, el socialismo, por utópico y enemigo del orden natural, está destinado al despotismo.11 En la experiencia histórica el capitalismo y el socialismo han mostrado menos diferencias de lo esperado. Ambos descansan en la misma idea: una centralización de la riqueza que termina recortando la difusión de la propiedad privada.
El último punto de la crítica de Chesterton al estado de las cosas, se refiere a su rechazo a la utopía. El pensamiento utópico está en la raíz de los dos sistemas que dominaron la realidad política del siglo pasado, el capitalismo y el socialismo. La utopía es la expresión de la directa contradicción a la realidad, por ello es siempre despótica, significa regimentación y no emancipación.12
Actualidad del distributismo
Nos preguntamos en que sentido puede reconocerse al distributismo chestertoniano como una propuesta actual. Posiblemente, sus recomendaciones concretas, deban ser revisadas a la luz de nuevas realidades. Ciertas cuestiones relacionadas con las pequeñas empresas y la propiedad rural y el desarrollo de las habilidades artesanales, están incorporadas como una política específica en muchos países. Su precisión referida a la insuficiencia de la demanda agregada, como contradicción destructiva del capitalismo, se anticipa a la crisis del 30 y a toda la elaboración analítica posterior de este grave problema. Hoy la estabilidad macroeconómica no está en discusión, pero sigue siendo una meta difícil para el sistema económico, brindar un adecuada participación en la riqueza generada, o permitir el acceso a la propiedad para muchos, respetando integralmente a las personas y fortaleciendo su libertad. No es casualidad que el presidente de Estados Unidos, haya propuesto para el siglo XXI, conformar una república de propietarios. Ello, un objetivo distributista, es hoy todavía una meta a lograr, una tarea a realizar. En los tres siguientes puntos quiero ilustrar con ejemplos, como las ideas de Chesterton pueden ayudarnos a entender la raíz de algunos de nuestros problemas económicos más importantes.
La disyuntiva entre la eficiencia y la equidad
Hace algunas décadas se discutió en el ámbito de la ciencia económica la disyuntiva entre equidad y eficiencia. Dejar actuar al mercado aseguraba el imperio de la eficiencia. Compensar los resultados del mercado con los impuestos y las políticas sociales era la recomendación convencional, pero tenía un costo en crecimiento, no debía extremarse.
La economía de mercado funciona en base al premio a la eficiencia. El agente económico que produce lo que el mercado demanda y lo ofrece al precio y en las condiciones más ventajosas, obtiene el éxito sobre sus competidores. Como bien explicó Joseph Schumpeter, en la sociedad capitalista el progreso económico equivale a agitación. Constantemente se materializan posibilidades de lograr beneficios mediante la producción de cosas nuevas o viejas, pero hechas en forma más económica merced a nuevas inversiones . Los nuevos métodos y productos compiten con ventaja con los antiguos productos y antiguos métodos, a los que lleva en definitiva a la muerte. Así se produce el progreso en la sociedad capitalista.
El premio para el que acierta en un negocio, fruto en cierta medida del azar, es generalmente desmesurado. Esto, como en un juego de lotería o de ruleta, provoca la admiración de los perdedores, que lejos de verse desalentados buscan otra oportunidad, renovando su apuesta y volcando mayores energías, con la esperanza de lograr el premio en la siguiente oportunidad. El proceso capitalista, no por coincidencia sino por virtud de su mecanismo, eleva progresivamente el nivel de vida de las masas.
Ahora bien, en los últimos años ha mejorado el nivel de vida en las economías avanzadas, pero se ha producido una acentuación en la concentración del ingreso. En Estados Unidos, que tiene un registro estadístico confiable, se ha comprobado que el diez porciento más rico de la población recibe aproximadamente el 30 por ciento del ingreso y el diez porciento más pobre solamente el 1,9%. El fenómeno se presenta simultáneamente con una mayor inestabilidad laboral y dificultades para lograr trabajos bien remunerados, lo que hace más difícil para muchos, conservar el nivel de vida alcanzado, y para otros, lograr la oportunidad de una vida decente. En gran medida la brecha que impide un desempeño laboral adecuado , se relaciona con carencias educativas y culturales. Daría la impresión que el avance tecnológico sigue dos direcciones fundamentales: básicamente ahorra trabajo con intensidad, y en segundo lugar, apunta a sostener un consumo cada vez más sofisticado y artificial.
En esto último, hay una radicalización del individualismo y la búsqueda de placer como un valor central de la sociedad, que se expresa en el consumo sin ninguna consideración a sus efectos directos o indirectos. Por otra parte, el consumo de bienes públicos como la educación y la salud, cada vez más indispensables para los más desprotegidos, se deterioran en su calidad. El Estado, dominado por lógicas burocráticas contrarias al bien común y al servicio de intereses sectoriales, no puede mantener una provisión adecuada de los bienes públicos. Todo ello grava pesadamente sobre los más pobres. Así, la sociedad termina dividida en dos grupos que no logran su objetivo. El de altos ingresos no puede lograr a través del consumo ilimitado la felicidad que implícitamente ansía. Por su parte, el sector más debilitado, no puede acceder a un consumo elevado porque no tiene la estabilidad laboral ni los ingresos necesarios.13
La contradicción que marca Chesterton, entre un sistema capitalista que requiere para asegurar su expansión un aumento constante en el consumo, pero que debe ser financiado con salarios que son insuficientes, ya que ello permite incrementar las ganancias y sostener la productividad con nuevas inversiones, sigue gravitando bajo estas nuevas formas.14 Los problemas de coordinación en el sistema capitalista también siguen presentes, porque el supuesto del servicio al bien común, a través del funcionamiento automático del sistema, no se lograba cuando Chesterton escribía, ni tampoco se logra hoy. En aquella época, los desajustes dieron lugar a una mayor intervención del Estado. Hoy se requieren otros medios.15 Han sido propuestas diversas iniciativas, que buscan fortalecer la acción subsidiaria de las organizaciones privadas sin fines de lucro, favoreciendo una mayor pluralidad de centros de decisión y de lógicas de acción, que ayuden a conjugar la eficiencia con la solidaridad. A los males históricos del estatismo burocrático, se asocia hoy un nuevo peligro, vinculado con la falta del reconocimiento del Estado, de un orden moral superior de base religiosa. Desconocer este orden afecta la dignidad personal y puede derivar hacia abusos totalitarios.16
En definitiva la intuición de Chesterton y del distributismo tiene plena actualidad: si el régimen económico no es capaz de ofrecer de manera constante buenas oportunidades de trabajo asalariado y de acceso a la propiedad, la sociedad pierde el equilibrio de una razonable igualdad. En este caso su funcionamiento debe revisarse.17
El problema del gigantismo
El gigantismo es una realidad de nuestra economía contemporánea. La globalización favorece el desarrollo de negocios a escala mundial, es decir empresas organizadas en vista al mercado global y productos y servicios elaborados y vendidos con esa perspectiva. Toda la crítica de Chesterton al “Big business” puede aplicarse con poca adaptación a nuestra realidad globalizada. Aunque sin duda debe reconocerse que las ventajas puramente económicas de este estado de cosas son de cierto peso, lo que da un justificativo a su expansión. Deseo ocuparme de un aspecto del gigantismo contemporáneo, que se ha agudizado en las últimas décadas y afecta nuestra vida diaria. Me refiero a la congestión urbana y al desordenado crecimiento de las ciudades.
Las ciudades han crecido rápidamente impulsadas por las ventajas de la aglomeración. En el 2001 el setenta y dos porciento de la población de la Argentina vivía en ciudades de más de 100.000 habitantes y el treinta y cuatro porciento en Buenos Aires y el conurbano. Algo similar sucede en Estados Unidos y en Europa.
A favor de las grandes ciudades juegan diversos efectos económicos importantes. El más notorio es la reducción del costo de transporte de los bienes pero también la facilidad del encuentro de las personas y de las ideas. La ciudad gigante favorece la multiplicación de las relaciones entre las personas. Tres personas pueden establecer hasta tres relaciones, diez personas cuarenta y cinco y cien, potencialmente, cuatro mil novecientos cincuenta. En una ciudad de diez millones de personas la cantidad posible de relaciones entre las personas alcanza a cincuenta trillones. Ahora bien, las relaciones personales pueden ser de distinto tipo. Por ejemplo el comercio es una de ellas. En el intercambio de bienes o servicios, la atención está puesta en la cosa que se comercia no en las personas que se vinculan.
Milton Friedman dice que la ventaja del capitalismo, es que para comprar una lata de conserva, no interesa ni la raza, ni la religión, ni el sexo del cajero. Es más, podría ser reemplazado por una máquina expendedora. Estas relaciones son sólo de intercambio, no van más allá. La relación de carácter utilitario instrumental, permite obtener grandes beneficios en la gran ciudad, en cuanto hay una gama muy amplia de servicios personales disponibles, de elevada especialización y tecnificación. El intercambio se hace a precios más altos en la gran ciudad, porque la calidad de los bienes y servicios es mucho mayor. Por ello, las personas deben aprovechar su tiempo y darle un elevado rendimiento, de manera de poder vivir y aprovechar los beneficios de la gran ciudad.
El alto costo del tiempo en la gran ciudad, invita aa ahorrar en las relaciones personales en que el foco está puesto en la persona con quien se relaciona, y no en el objeto que se intercambia. Las relaciones personales cuando se ahondan, crean un bien común entre ellas que las favorece y enaltece. Pero esta forma de relación- la amistad o el amor- requiere mucho tiempo. Por eso tiende a escasear y ser reemplazada por las relaciones de intercambio. En la gran ciudad se paga un costo oculto pero creciente: el avance de la masificación y del trato impersonal, en detrimento de la vinculación más personalizada. Para resolver esto, el economista E.F. Schumacher proponía tratar de establecer una “escala humana” en la organización de la economía, la tecnología y las ciudades. El criterio era elegir aquello bueno para las personas y adaptar lo demás a este paradigma, y no al revés, como está organizado hasta ahora nuestro mundo. 18 En la “escala humana” la situación está bajo control y todos los que participan son tratados como personas y pueden establecerse relaciones interpersonales satisfactorias. Por ello, para conservar una situación controlada, satisfactoria para las personas, se requiere poner límites muy claros al tamaño de las ciudades y de los grupos sociales.
Otro aspecto indeseable de esta forma de relación impersonal, se relaciona con la probabilidad de ser víctima de un crimen: es el doble en las ciudades de más de un millón de habitantes con respecto a las menores. También es mucho mayor el número de personas por debajo del nivel subsistencia o pobreza, que habitan en las grandes ciudades. ¿Por qué los pobres prefieren las grandes ciudades? Existen ciertas ventajas que se logran por el menor costo del transporte público, los bienes públicos más abundantes y de mayor calidad, y la mayor abundancia de los planes sociales. También se forman redes sociales que identifican ciertos lugares y compensan, en alguna medida, las desventajas de la pobreza. pero a los pobres, también les alcanza el efecto del dominio de las elaciones impersonales. Un aspecto que explica el mayor costo de vida en la gran urbe se justifica por la carga adicional de la aglomeración, que debe salvarse con ingentes inversiones de capital. En la gran ciudad, la tierra sube de valor en ciertas áreas y esto acentúa el interés por profundizar los excesos del gigantismo. En algunos casos se desata la especulación y el auge del precio lleva los valores a las nubes hasta que se produce la crisis. En Buenos Aires, el gigantismo convive con la intrusión de espacios públicos por desheredados, que son usados por el sistema político a cambio de cierta impunidad. En todo lo expuesto, se ve con claridad como la prioridad debe ponerse en la persona, para profundizar la posibilidad de ejercer la libertad, y ello está asociado al acceso a la propiedad, que es la tesis del distributismo.
La paradoja de la felicidad
La realidad de los países más ricos nos muestra una sensible mejora en las condiciones de vida materiales de las personas. Aun con todas las limitaciones que las estadísticas tienen, es indiscutible que han mejorado sustancialmente los ingresos medios de cualquier habitante de Estados Unidos o Europa, e incluso de la Argentina. El poder de compra del consumidor medio, ajustado por inflación se ha más que duplicado desde la segunda posguerra, acompañado por un aumento sustancial de la esperanza de vida e innumerables avances en la comunicación, el transporte, la vivienda y las condiciones de vida en general. Dejando de lado situaciones particulares, un análisis convencional nos llevaría a esperar que el ciudadano promedio debiera sentirse mucho más feliz hoy que hace cincuenta o sesenta años. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Desde hace muchos años se realiza un registro a través de encuestas, de como se evalúan las personas en términos del grado alcanzado de felicidad. Los resultados demuestran que una vez que se superan los niveles más elementales de subsistencia , los incrementos adicionales en el ingreso, no parecen provocar ninguna modificación favorable en el porcentaje de personas que se manifiestan como muy felices o simplemente felices.
En Estados Unidos por ejemplo el porcentaje de ciudadanos que se manifiestan como “muy felices” ha permanecido constante alrededor del treinta por ciento del total, mientras que los que dicen que “no están muy felices” tampoco han reducido significativamente su participación. La paradoja entonces consiste en que las personas son más ricas pero no son más felices. El refranero popular refrenda este resultado que no sorprendería a la mayor parte de las personas: “La riqueza no hace la felicidad”. Pero, desde el punto de vista analítico, las cosas no son tan sencillas, por dos razones básicas : 1) la mayor riqueza es en gran medida fruto del esfuerzo voluntario de las personas, y 2) el hombre libre busca su propia felicidad y es el mejor juez de lo que la conforma en cada caso. Por ello, para poder aclarar la paradoja de la felicidad, es necesario explicar las razones por las que la gente elige modos de vida que suponen una mayor riqueza pero no resultan en una mayor felicidad. Sabemos por ejemplo, que un fenómeno bastante curioso se relaciona con el tiempo de trabajo. La cantidad de horas trabajadas fuera del hogar, lejos de reducirse han aumentado y especialmente las mujeres han asumido crecientes responsabilidades laborales remuneradas.
Por otra parte, sabemos que la felicidad está más asociada al cultivo de la amistad, un buen matrimonio, la crianza y educación de los hijos, la participación en tareas comunitarias y cosas semejantes. Todo esto requiere mucho tiempo, situación que conspira con la dedicación unilateral al trabajo y se ve claramente perjudicada por el creciente activismo laboral. Una respuesta en cierta forma inmediata, sería reconocer que, por definición, siempre se elige lo que se prefiere y por tanto lo que nos hace más feliz. Si trabajamos sesenta horas por semana y no disponemos de tiempo para otras actividades, se sigue que lo que nos hace feliz es el trabajo, o al menos más feliz que no trabajar, sino no lo haríamos.
La otra posible respuesta se relaciona con la complejidad de ciertas decisiones que debemos tomar, que no están aisladas de lo que hacen otras personas. En el marco de la competencia de mercado nos vemos obligados a hacer cosas que nos permitan “mantenernos en la carrera”, sin que estemos de acuerdo con las condiciones de partida en que nos vemos obligados a competir, pero no podemos bajarnos sin pagar un precio insoportable. Estrictamente, estamos eligiendo cierto modo de vida que no nos hace más felices, pero tampoco queremos la alternativa porque, no existe o es peor. Pero, ¿qué es la felicidad para Chesterton?. En Ortodoxia nos dice que “el hombre feliz es el que hace mayor número de cosas inútiles”19. Con ello nuestro héroe pone las cosas en su lugar y establece una clave de interpretación. Buscamos con tanto afán la utilidad que nunca alcanzamos la felicidad Pero es más importante buscar la felicidad antes que la riqueza, porque es preferible ser pobre y feliz que rico e infeliz.20En ese camino, si queremos aceptar la felicidad como nuestro maestro, sabremos que sus exigencias son elevadas, porque nos enseña que para lograrla, debemos aceptar el desprendimiento de muchas cosas que no son propiamente necesarias. 21
Conclusión
La revisión de la biografía y los textos de Chesterton y el distributismo nos ofrecen una perspectiva original y valiosa, para examinar los problemas económicos y sociales de nuestra época. Su orientación humanista, le otorga a su doctrina una actualidad permanente y particularmente oportuna, frente a ciertas tendencias de la evolución social y económica. Todo esto es una prueba más de la enorme talla intelectual de nuestro héroe.
FUENTES CONSULTADAS
G.K. Chesterton, 1917, Ortodoxia, Editorial Calleja, Madrid. G.K. Chesterton, 1927, The Outline of Sanity, Dodd, Mead and Company, New York. G.K.Chesterton, G.K. 1953, A Handful of Authors : Essays on Books and Writers, Sheed and Ward, New York. G.K.Chesterton, 1963, The Man Who Was Orthodox, a selection from the uncollected writings, Dennis Dobson, London. G.K.Chesterton, 1968, Tremendous Trifles, Cox and Wyman Ltd., London. G.K.Chesterton, 1969, All Things Considered, Cox and Wyman Ltd, London. George Marlin, Richard Rabatin, John Swan, 1986, The Quotable Chesterton, Ignatius Press, San Francisco. Pearce, Joseph, 1998, G.K.Chesterton, Encuentro Ediciones, Madrid. Secco, Luis Ignacio, 1998, Chesterton, un escritor para todos los tiempos, Ediciones Palabra, Madrid.
Notas 1 “Así no faltan hoy teólogos que niegan la existencia del pecado original, que es el único punto de lateología cristiana realmente susceptible de prueba”, Chesterton, G., 1917, Ortodoxia, Ed.Calleta, Madrid, p.22. 2 “Cuando un grupo de desdeñosamente benevolentes economistas mira desde su altura hacia el abismo de la superpoblación, seguramente hay una única respuesta que darles, y es decirles: si hay un exceso, ustedes son ese exceso. Y si a algunos se deberían suprimir, serían precisamente ellos”. Chesterton, G.,1942, Charles Dickens: Last of the great men, Press of the Reader’s Club, New York, p.126. 3 Cfr. Pearce, Joseph, G.K. Chesterton, Encuentro Ediciones, Madrid, 1998 p.400. 4 Cfr. Pearce, Joseph, G.K. Chesterton, Encuentro Ediciones, Madrid 1988, p.403. 5 Chesterton,G.K.1927, The Outline of Sanity p.87 “Doy aquí meras ilustraciones de mi primera tesis general: que ni siquiera ahora estamos hacienda todo lo que podría hacerse para resistir el empuje del monopolio, que le gente habla como si no pudiera hacerse nada al respecto. Esta aseveración es falsa desde su base; e inmediatamente me aparecen en la mente toda clase de respuestas que la contradicen”, 6 Chesterton,G.K, The Outline of Sanity, 1927, p.92. “Aquí, por ejemplo, hay media docena de cosas que se podrían hacer para ayudar el proceso de los distributistas…1) Gravar los contratos de manera tal que desalienten la venta de pequeñas propiedades a grandes propietarios…2) algo parecido a la ley testamentaria napoleónica y la destrucción de la primogenitura, 3) concederles defense legal gratuita a los pobres, de manera que la pequeña propiedad siempre se pueda defender contra la grande, 4) La protección deliberada de ciertos experimentos en pequeñas propiedades…5) Subsidios para fomentar el desarrollo de dichos experimentos,6) una liga de trabajo voluntario, y un gran número de otras cosas del mismo tipo”, 7 Cfr Pearce, Joseph, G.K. Chesterton, Encuentro Ediciones, Madrid 1988, p.409. 8 Chesterton,G.K, The Outline of Sanity, 1927, p.7. “EL capitalismo debería ser llamado proletarismo”, 9 Chesterton,G.K, The Outline of Sanity, 1927, p.6. “Si el capitalismo significa propiedad privada, yo soy capitalista. Si el capitalismo significa capitaI, todo el mundo es capitalista”, 10 Pearce, Joseph, G.K. Chesterton, Encuentro Ediciones, Madrid 19881988, pp.404-405. 11 Chesterton,G.K, The Outline of Sanity, 1927, p.48. “El socialismo es un remoto sueño utópico de imposible cumplimiento, y a la vez un abrumador peligro práctico que nos amenaza en todo momento”, 12 Chesterton, G.K. 1953, A Handful of Authors : Essays on Books and Writers, Sheed and Ward, New York, p.146. “Siempre me pareció que la utopia es más reglamentación que emancipación; es una monarquía en el antiguo y exacto sentido de la palabra; su mundo ideal es el mundo que ella desea, no el mundo que el mundo quiere.” 13 Chesterton,G. K, The Outline of Sanity, p.29. “El sistema capitalista, bueno o malo, justo o injusto, descansa sobre dos ideas: que los ricos siempre van a ser suficientemente ricos como para emplear a los pobres, y los pobres suficientemente pobres como para necesitar ser empleados. Pero tambien presume que cada lado está negociando por sup arte, y que nadie piensa en el público en primer lugar…el capitalismo alega que es a través de este regateo que se sirve realmente al público”, 14 Chesterton, G. K, The Outline of Sanity, 1927, p.30. “SI el capitalismo no puede ofrecer una paga que tiente a los hombres a trabajar, está, según sus propios principios simplemente en bancarrota”, Chesterton,G. K, The Outline of Sanity, 1927, p.30. 15 Chesterton, G. K, The Outline of Sanity, 1927, p.30. “Lo cierto es que todos han abandonado hoy en día el argumento en el que se basaba todo el Viejo capitalismo: aquél según el cual si se les dejaba a los hombres regatear individualmente, el público iba a ser automáticamente beneficiado”, 16 Chesterton,G.K, The Outline of Sanity, 1927, p.9. “La crítica del estado solo puede existir donde un sentido religioso de justicia proteje el derecho de cada uno a su propio arco y flecha, o, por lo menos, a su propia pluma o su propia imprenta”, 17 Chesterton,G.K, The Outline of Sanity, 1927, p.17. “La teoría según la cual los que comienzan siendo razonablemente iguales no pueden permanecer razonablemente iguales, es una falacia fundada enteramente en una Sociedad en la cual su comienzos son extremadamente desiguales”, 18 Schumacher, E.F. , 1978, “Technology in human perspective”, Nebraska Journal of Economics, winter, pp.7-21. 19 Cfr. Chesterton, G.K, Ortodoxia, Editorial Calleja, Madrid,1917, p.30 20 Chesterton,G.K, The Outline of Sanity, 1927, p.165 “Si podemos hacer a los hombres felices, no importa que los hagamos má pobres, no importa que sean menos productivos, no importa que sean menos progresistas, en el sentido de meramente cambiar su vida sin aumentar el gusto por ella”, 021 Chesterton,G.K, The Outline of Sanity, 1927, p.164“La felicidad es en cierto sentido, un duro maestro. Nos enseña a no involucrarnos en tantas cosas que son…superficialmente atractivas”.
THE CHESTERTON REVIEW EN ESPAÑOL - VOL. 1 NRO. 1 - 2007
Primera Conferencia Internacional Iberoamericana
Actualidad de Chesterton en la crisis de nuestra cultura
Del 21 al 24 de Septiembre de 2005
Buenos Aires, Argentina
LA REVISTA DEL INSTITUTO G.K. CHESTERTON
PARA LA FE Y LA CULTURA
SETON HALL UNIVERSITY

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