La Gran crisis juvenil de Chesterton
Experiencia de la realidad del Demonio, de la realidad del Pecado y de la amenaza de la locura: El Hombre que fue Jueves.
Dr. Carlos Velasco Suárez
En el Capitulo IV de su Autobiografía (“How to be a lunatic”)1 Chesterton relata con acentos vívidos y singular profundidad su pasaje a través de una grave crisis en la que se unieron la experiencia de la realidad del Demonio, de la realidad objetiva del Pecado, y la amenaza de la locura: “A muy temprana edad tenía mi pensamiento vuelto sobre el pensamiento mismo. Hacer esto es una cosa muy terrible; porque puede llevar a pensar que no hay nada sino pensamiento. En ese tiempo no distinguía muy claramente entre el sueño y la vigilia; no solo como un estado de ánimo, sino como una duda metafísica, yo sentía como si todo pudiera ser sueño. Era como si yo mismo hubiera proyectado el universo desde dentro, con todos sus árboles y estrellas; y esto está tan próximo a la noción de ser Dios que está manifiestamente aún más próximo a volverse loco. Y sin embargo yo no estaba loco en ningún sentido médico o físico; estaba simplemente llevando el escepticismo de mi época tan lejos como podía ir. Y pronto me encontré que había ido mucho más lejos que lo que la mayoría de los escépticos van. Cuando obtusos ateos venían a explicarme que no había nada sino materia, yo los escuchaba con una suerte de calmo horror de indiferencia sospechando que no había nada sino mente(...) El ateo me decía tan pomposamente que no había ningún Dios; y había momentos en que yo no creía aún que hubiera un ateo”2
Después de describir lo que el llama “extremos mentales” pasa a los “extremos morales”: “De cualquier manera es cierto que hubo un tiempo en que había alcanzado esa condición de anarquía moral interior, en la cual un hombre dice, en palabras de Wilde, ‘Atis con el cuchillo manchado de sangre era mejor que la cosa que soy.(...), yo podía imaginar en esa época las peores y más salvajes desproporciones y distorsiones de una pasión normal; el caso es que la totalidad del estado de ánimo estaba subyugado y oprimido por una suerte de congestión de la imaginación. Como Bunyan, en su periodo mórbido, se describe como impulsado a proferir blasfemias, yo tenía un impulso irrefrenable a registrar o dibujar horribles ideas e imágenes; hundiéndome cada vez más profundamente como en un ciego suicidio espiritual,(...) De cualquier manera el caso es que cavé muy bajo, lo bastante como para descubrir el demonio; y aún , en alguna manera confusa, reconocer el demonio” 3
Chesterton concluye el párrafo citado con las siguientes iluminadoras palabras: “Por lo menos, nunca, aún en este vago y escéptico estadio, consentí en complacerme en los argumentos corrientes acerca de la relatividad de mal o de la irrealidad del Pecado. Quizá, cuando eventualmente emergí como una suerte de teorético, y fui descubierto como un Optimista, fue porque era una de las pocas personas en ese mundo del diabolismo que realmente creía en los demonios “4
La experiencia de G.K. Chesterton
La experiencia del Demonio fue preparada en Chesterton por las sesiones espiritistas con su hermano Cecil, por su trabajo en una editorial esotérica, pero, sobre todo, por su inmersión en la atmósfera deletérea de pesimismo y confusión, propia del escepticismo decadente que lo rodeaba, en un momento crítico de su vida. Tanto en la escuela de arte a la que concurría como en la editorial esotérica en la que trabajaba tuvo oportunidad de encontrarse con personas dominadas por ese espíritu algunas francamente diabólicas. Maisie Ward cita el artículo de Chesterton en el Daily News, “The Diabolist”, donde narra esta experiencia5 . Hablando de ella nos dice en su Autobiografía: “Pero no estoy orgulloso de creer en el demonio. Para decirlo de una manera más correcta, no estoy orgulloso de conocer al demonio. Trabé conocimiento con él por mi propia falta; y lo seguí a lo largo de líneas que, de haber sido seguidas más allá, podían haberme conducido al culto del demonio o al demonio sabe qué”6
Refiriéndose a sus experiencias de jugar invocando a los espíritus con su hermano Cecil, observa con agudeza: “Vi de manera harto suficiente la cosa como para poder atestiguar, con completa certeza, que algo sucedía que no era en el sentido ordinario natural, o producido por una voluntad humana normal u conciente. Si se producía por una fuerza subconsciente pero todavía humana, o por algunos poderes, buenos, malos o indiferentes, que son externos a la humanidad, no puedo intentar decidirlo por mi mismo. La única cosa que puedo decir con completa seguridad, acerca de este poder místico e invisible, es que dice mentiras. Las mentiras pueden ser travesuras o pueden ser tentaciones para el alma en peligro o mil otras cosas; pero cualquier cosas que sean no son verdades acerca del otro mundo; o si de esto se trata, acerca de este mundo.7
La gran crisis juvenil de Chesterton y la psiquiatría
Vamos a volver a Chesterton y su biografía para aplicar a ese momento decisivo de ella, la grave crisis de su juventud ya comentada, las luces que puede aportar una sana, y por ello humilde, sabiduría psiquiátrica. La crisis de Chesterton es una crisis propia del final de la adolescencia, la crisis de la identidad juvenil. La clínica psiquiátrica señala la intensidad que puede adquirir esta crisis de acuerdo a las personalidades involucradas en ella y a su historia y advierte sobre el riesgo de confundir algunas de estas crisis con episodios psicóticos (por ejemplo, con la esquizofrenia). La personalidad fuera de lo común de Chesterton, su genialidad, su extraordinaria imaginación y sensibilidad, nos orientan respecto al carácter singularísimo de su crisis juvenil. En esta crisis, los cambios somáticos y espirituales, íntimamente entrelazados, preparan al adolescente para la ardua tarea de decidir quién y que quiere ser en la vida, “primer momento reflexivo de la determinación” como le llama Charlotte Bühler8 El adolescente debe asumir la responsabilidad por la propia vida, frente a si mismo y frente a Dios, frente a los otros, frente al universo de valores y a la sociedad. Tiene que tener el coraje de ser el mismo y no otro y asumir la obediencia frente a un orden libremente consentido (Guardini)9 . Las tensiones y exigencias a las que se ve sometido pueden ser muy grandes y alterar severamente el equilibrio de su persona. Hemos visto como Chesterton se refiere a esta crisis en sus escritos autobiográficos describiendo su experiencia del demonio y la amenaza de la locura. Pero también describe su salida de la crisis y los frutos que de ella se derivaron; estos son, por un lado único y por otro paradigmáticos de estas crisis existenciales.
El componente melancólico de estas crisis es muy importante. Podemos comprenderlo siguiendo la magistral meditación de Romano Guardini10-11: “…la melancolía es la inquietud que provoca en el hombre la proximidad de lo eterno...” “Hay una melancolía buena y una mala” Es buena la que precede a un alumbramiento de lo eterno. Es la pena interior causada por la proximidad de lo eterno urgido por realizarse. Es una invitación efectiva y constante aunque no sea experimentada conscientemente- a acoger en la vida personal el infinito que pueda contener, a expresarlo por sus pensamientos por sus actos. La invitación se hace particularmente apremiante cuando el tiempo ha llegado, cuando se aproxima la hora, cuando es necesario tomar una decisión, llevar a buen puerto una obra, cuando una nueva fase en el devenir viviente del hombre, cuando un nuevo abrirse paso de la forma espiritual interior, debe cumplirse. Tal creación, tal desarrollo nacen de una pena interior. Ésta es al mismo tiempo el sufrimiento de una plenitud que no encuentra salida, pero representa la angustia de la vida ante las exigencias que le plantea el alumbramiento de lo que quiere tomar forma en ella. La vida siente que debe resignarse, abandonar la seguridad que antes gozaba. Algo debe morir para que otra cosa nazca. Esta creación, este desarrollo, son ascensiones, puntos culminantes en los que la vida se entrega al extremo. Evidentemente no son alcanzados si antes no se ha pasado por el punto más bajo12
La mala melancolía surge en cambio de la no aceptación, del bloqueo y parálisis de lo que tenía que ser realizado, Kierkegaard13 es una fuente de estas consideraciones de Guardini lo mismo que de las de Victor Emil von Gebsattel, el gran psiquiatra fenomenólogo alemán, quien al estudiar el estado interior de las personas que han caído en la esclavitud de las adicciones nos dice: “Sucede que obras artístico-espirituales, llenas de sentido y completamente válidas han sido precedidas por estados de vacío casi insoportables en su creador (...). En estos casos, la creación es la forma de erupción de capas más profundas de una personalidad, cuya falta de comunicabilidad se experimenta como vacío”14
Hemos saboreado el extraordinario talento de Chesterton, para contarnos los momentos negros de su crisis juvenil: la experiencia del demonio y la amenaza de la locura, más precisamente, de una perdida creciente del contacto con la realidad de las cosas y de la realidad de si mismo a través de llevar el pesimismo decadente de su ambiente cultural hasta sus últimas consecuencias. Pero en este mismo inolvidable capítulo describe al mismo tiempo, y con igual maestría, su salida de la crisis:
Salida de la crisis
“Cuando había estado un cierto tiempo en esas, las más oscuras profundidades del pesimismo contemporáneo, tuve un fuerte impulso interior a rebelarme, a desalojar este incubo a arrojar fuera esta pesadilla. Pero como todavía estaba pensando la cosa sólo por mi mismo, con poca ayuda de la Filosofía y ninguna ayuda real de la religión inventé una teoría mística propia, rudimentaria y provisoria. Era sustancialmente esta: que aún la mera existencia, reducida a sus límites más primarios, era suficientemente extraordinaria como para ser excitante. Cualquier cosa es magnificente comparada con nada (...) Estaba suspendido a los restos de la religión por un delgado hilo de gratitud.(...) Detrás de nuestros cerebros, por así decirlo, hay una olvidada llamarada o estallido de asombro frente a nuestra propia existencia. El objeto de la vida artística y espiritual es ahondar buscando ese sumergido amanecer de maravilla; de manera tal que un hombre sentado en una silla pueda repentinamente comprender que está realmente vivo, y ser feliz”15
En la torturante batalla interior, “en las más oscuras profundidades del pesimismo”, se ha producido una opción “un fuerte impulso interior a rebelarse, a desalojar este incubo a arrojar fuera esta pesadilla”. Da a luz entonces, según sus palabras a “una teoría mística propia, rudimentaria y provisoria”. Al escucharlo, nos damos cuenta que estamos frente al núcleo esencial de todo su pensamiento y de toda su obra. Se le ha concedido una visión y sabemos, de acuerdo a palabras del Cardenal Biffi que a nivel de la causalidad más profunda, esto ha sucedido “por la iluminación y bajo la guía del Espíritu de Dios”16 Esta iluminación le revela cual es su vocación: “Esta es solo una parte necesaria de la narrativa en cuanto envuelve el hecho que, cuando comencé a escribir, estaba lleno de una nueva y apasionada resolución de escribir contra los Decadentes y los Pesimistas que dominaban la cultura de la época” (...) “pero mucho antes que esto (su completa inmersión en el mundo de la literatura) se volvió manifiesto que el centro de gravedad de mi existencia se había desplazado desde lo que (por cortesía) podemos llamar Arte hacia lo que (por cortesía) podemos llamar Literatura”17 Chesterton nos habla de los primeros frutos creativos de la resolución de su crisis con particular penetración de su significado:
“Así, entre los versos juveniles que empecé a escribir en esta tiempo había uno llamado The Babe Unborn (“El Niño No Nacido”) en el que imaginaba la criatura increada clamando por su existencia y prometiendo todas las virtudes si solo pudiera tener la experiencia de la vida”18-19
Lo referido anteriormente acerca de los estudios de Guardini y von Gebsattel sobre la resolución creativa de las crisis de melancolía o de vacío en las adicciones, encuentra una expresión sencilla y rotunda a través del genio de Chesterton. Al hablar enseguida de la “extraordinaria suerte” que lo acompañó en su iniciación en el mundo literario y, en general, en toda su vida. Chesterton está subrayando en realidad el carácter gratuito de la experiencia de la vida como un don recibido y llevado a cumplimiento20 También en esta época surge la idea de lo que más adelante se concretará en Hombrevida (“Manalive”). Y en esta época sale a la luz El hombre que fue Jueve
El Hombre que fue Jueves
Resulta significativa la atención que le dedica Chesterton en el final de ese capítulo al Hombre que fue Jueves. Tiene necesidad por momentos de aclarar algunos aspectos de la obra y de su génesis para evitar confusiones y responder a ciertas críticas: Se me ha preguntado a menudo que quería significar con el monstruoso ogro pantomímico que fue llamado Domingo en esa historia, y algunos han sugerido, y en un cierto sentido no sin razón, que podía ser entendido como una versión blasfema del Creador. Pero el hecho es que todo la historia es una pesadilla de cosas, no como son, sino como le aparecen a un joven a medias pesimista de los noventa. El ogro que parece brutal pero es también crípticamente benevolente no es tanto Dios, en el sentido de la religión o irreligión, sino más bien la Naturaleza como aparece al panteísta, cuyo panteísmo está luchando por salir del pesimismo. En tanto cuanto la historia tiene en ella misma algún sentido se proponía comenzar con una pintura del mundo en lo peor y trabajar hacia la sugestión que la pintura no era tan negra como había sido pintada (...)
A continuación viene una reafirmación de su experiencia central y primaria de la realidad del mal que lo lleva a introducir en el final del relato la presencia del Acusador, Lucian Gregory: “... aún en los primeros días y aún por las peores razones, yo sabía ya demasiado como para pretender sacarme de encima el mal. Introduje al final un personaje que, con completa conciencia, niega y desafía el bien. Mucho tiempo después el Padre Ronad Knox me dijo, en su estilo caprichoso, que estaba seguro que el resto del libro podía ser usado para probar que yo era un Panteísta y un Pagano, y que la Alta Crítica del futuro podía fácilmente mostrar que el episodio del Acusador era una interpolación hecha por sacerdotes” .
Chesterton desestima con gracia esta última hipótesis y vuelve a reafirmar la originalidad y la seriedad de la experiencia juvenil de la que surge su obra: Estaba ya entonces enteramente seguro de que podía si lo elegía cortarme de la entera vida del universo. Mi mujer, cuando se le pregunta quien la convirtió al catolicismo, siempre responde el demonio21 En un artículo publicado en el Ilustrated London News del 13 de junio de 1936, un día antes de su muerte, Chesterton reitera su argumento: los críticos y lectores malentendieron El Hombre Que Fue Jueves porque no prestaron atención al subtítulo que calificaba al título, Una Pesadilla.22
No es una pesadilla
Caben algunas reflexiones. La obra no es una pesadilla sino el fruto de la resolución de una pesadilla: la de su grave crisis juvenil. La pesadilla tiene características definidas que la distinguen de otras experiencias humanas. El Diccionario de Webster la define como ”sueño aterrador en el cual el soñante experimenta sentimientos de desamparo, extrema ansiedad, aflicción”23. Borges precisa magistralmente esta experiencia en su conferencia La Pesadilla24. Gran poeta, Borges se comporta aquí como consumado fenomenólogo. La cualidad específica de la pesadilla reside en el sentimiento único del horror que le es propia y que lo distingue de otras emociones y sentimientos análogos. Con su erudición universal Borges pasa revista a los vocablos correspondientes en los diversos idiomas y a sus variadas interpretaciones en distintas culturas y en la historia de nuestra propia cultura. Frente a ellas, en la recapitulación final, Borges nos dice que opta por la interpretación teológica que ha conocido, y presentado en la conferencia, el incubus de la tradición cristiana. La pesadilla es la manifestación de una brecha que se abre durante la noche en la pared del infierno. De allí su horror peculiar. En lo más hondo de su crisis Chesterton hace la experiencia, que no lo enorgullece, de la realidad del demonio y del abismo del mal absoluto que se abre ante sus pies de hombre libre “cortarse por su propia decisión de la entera vida del universo”, caer en “el pecado imperdonable de no querer ser perdonado”25. De estas profundidades surge la fiera resolución de dar batalla sin concesiones enfrentando el incubo mortal del pesimismo que el demonio insufla traicioneramente en el corazón de su cultura. La batalla la dará como escritor, no como artista. Ha descubierto su vocación, su lugar en la lucha a la que todos somos llamados.
El Hombre Que Fue Jueves no es una pesadilla, es una poderosa y deslumbrante creación imaginativa; abigarrada, tumultuosa, por momentos críptica, testimonio de aquélla erupción de capas profundas de la creatividad de la que nos habla von Gebsattel que se han abierto paso a raíz de la crisis. Presentada como un sueño, se manifiesta con nitidez en él, como en todos los grandes sueños, el secreto y el misterio del destino del hombre en su relación con Dios. Dios nos llama a la aventura de la vida y nos convoca al combate por el bien ¡Cuantas veces los hombres nos sentimos frente a Él como los personajes del relato, irresistiblemente atraídos, fascinados y, por momentos perplejos, rebelados, frente a lo que nos parece incomprensible, insoportable, de las situaciones con las que nos enfrenta!.. El relato muestra el proceso arduo y doloroso de aproximación a Dios, de hambre por conocerlo, de aceptación del hecho de que su insondable realidad siempre nos supera y desborda. La realidad del mal, su delimitación, su presencia y su doloroso sentido irrumpen con la aparición de Gregory, El Acusador. El relato de acuerdo a Chesterton, quiere avanzar desde una pintura de lo peor del mundo hasta la sugestión que la pintura no era tan negra como había sido pintada26. El desenlace final, la eucatástrofe como la llama Tolkien 27, es inolvidable, tanto desde el punto de vista literario como religioso, al que lo literario sirve. El Domingo aparece como Padre bondadoso que llama a sus hijos a participar de su paz en la gran fiesta y en el banquete final, cuidando con delicadeza todos los detalles de su atención: las referencias bíblicas se suceden, enmarcan el relato y ayudan a descubrir su sentido. Los ropajes con que los inviste y los comentarios se suscitan, son una imagen conmovedora de la revelación del misterio de quienes somos en el encuentro definitivo con Dios y con su mirada. “Porque estos disfraces no disfrazan, revelan” 28 Los sienta luego en tronos, manifestación de que hemos sido llamados a la vida para ejercer, luego de la prueba, la realeza de esa condición única que se nos ha otorgado en el gobierno, en el servicio y en la alabanza al Creador. Vienen a la memoria, entre tantas cosas que evoca la lectura de este texto, pasajes del libro de la Revelación en los que al vencedor se le dice que será revestido de blanco y se le dará un nombre que no será borrado del libro de la vida (Apoc.5,4 Iglesia de Sardes) o aquel otro, dirigido a la Iglesia de Pérgamo: “al vencedor le daré del maná escondido y una piedra blanca en la que está grabado un nombre nuevo que nadie conoce, salvo aquél que lo recibe” (Apoc. 3, 17).
El final de la experiencia onírica revela quién en definitiva es el Domingo. Ante la pregunta del Secretario, dicha en tono implacable,”¿Quién y qué eres tú?”, el Domingo responde sin moverse, “ Yo soy el Sabath”, Yo soy la paz de Dios”. Esta respuesta enciende una sucesión de reclamos y de interrogantes por parte de cada uno de los siete, expresados cada cual a su peculiar manera. El Domingo los escucha en silencio e introduce sorpresivamente un nuevo interlocutor: Lucian Gregory, el poeta anarquista que embarcó a Gabriel Syme en la aventura, Gregory aparece como el acusador (Satán) individualizado como tal por Bull quién, a punto de quedar dormido, murmura el pasaje del Libro de Job (1,6) “Habrá entonces un día en que los hijos de Dios vendrán a presentarse ante el Señor y, entre ellos, también Satán” 29 (…) “Tienes razón” replica Gregory, “yo soy el destructor y si puedo destruiré el mundo”; “Ah, la más desdichada de las criaturas, ¡Trata de ser feliz!”, exclama Syme.. El acusador despliega su denuncia que pretende justificar su odio: son agentes del poder, son felices, están en lo seguro, no han descendido de sus tronos para experimentar el sufrimiento. Syme salta entonces sobre sus pies ”temblando de pies a cabeza”, “veo todo”, grita “veo todo lo que es”. Ha tenido una fulgurante iluminación sobre el sentido del misterio de la lucha y del dolor que atraviesan el universo y de la mentira de Satán. “Por lágrimas y torturas podemos ganar el derecho de decir a este hombre ¡mientes! Ninguna agonía puede ser demasiado grande para comprar el derecho de decir a este acusador: ¡Nosotros también hemos sufrido!”
Una experiencia extática culmina esta visión acerca del sentido del mal y del misterio del sufrimiento en la que está centrada la obra. Syme vuelve sus ojos y ve repentinamente el gran rostro de Domingo animado por una extraña sonrisa. Con una terrible voz le grita “¿has sufrido tú alguna vez?”. Mientras contemplaba el gran rostro este creció hasta un tamaño aterrador, creció más y más hasta llenar la totalidad del cielo y luego todo se volvió negro y antes que su cerebro se destruyera totalmente, le pareció oír una voz distante que decía un texto conocido que había escuchado en algún lugar:”¿Podéis beber de la copa que yo bebo?.”30 El misterio del Domingo se revela en las palabras de Cristo a sus discípulos acerca de su Pasión. Es el misterio insondable de la relación de Dios con el mal que surge de la libertad que otorgó a sus criaturas y que queda vencido por el no menos insondable misterio del sufrimiento redentor de su Hijo del que todos somos llamados a participar.
El hermosísimo final de la obra es una insuperable creación literaria. Se manifiesta en él el carácter del todo especial de la experiencia onírica narrada. El despertar es diferente “algo mucho más extraño psicológicamente”, como “si no hubiera habido en realidad nada irreal, en sentido terrenal, en las cosas que había experimentado”31. Syme se encuentra caminando en un sendero vecinal conversando amablemente con Lucian Gregory, el poeta anarquista. El relato había comenzado con la descripción de un increíble y opresivo atardecer, “como si fuera el fin del mundo” 32, termina ahora en un amanecer sereno y mágico en el que todas las cosas parecen ser nuevas. El sentimiento de Syme es inequívoco, anuncia la resolución de la crisis, el final venturoso de la terrible pesadilla que ésta le ha hecho vivir Pero Syme solo podía sentir una levedad fuera de lo natural en su cuerpo y una simplicidad cristalina en su mente que parecía ser superior a todo cuanto había dicho o hecho. Sentía que estaba en posesión de alguna imposible buena noticia que hacía de cualquier otra cosa una trivialidad, pero una adorable trivialidad (…) Soplaba una brisa tan suave y límpida que no se podía pensar que no soplara desde el cielo, más bien, desde algún orificio que se hubiera abierto en el cielo.33 Syme camina instintivamente a lo largo de un blanco camino en el que los primeros pájaros saltan y cantan. Había descubierto con sorpresa que estaba en Saffron Park y se encontró entonces del otro lado de la verja de un jardín:
“Allí vio a la hermana de Gregory, la niña de los cabellos rojos y dorados, cortando lilas antes del desayuno, con la grande e inconsciente gravedad de una niña.”34
Con esta visión termina la obra. La visión de la misma niña de los cabellos rojos y dorados había precedido el comienzo de la aventura. Antes de comenzar el relato de los “salvajes acontecimientos” que le tocó vivir a su héroe Chesterton nos dice que la niña reaparecerá al final de la historia y que, pese a no participar en ninguna de las peripecias de su aventura “permaneció, de alguna manera indescriptible, recurrente como un motivo musical a través de todas las locas aventuras que le tocaría vivir” y “que la gloria de su extraño cabello corrió como un hilo rojo a través de esas oscuras y contrahechas tapicerías de la noche”35. Y termina diciendo: “lo que sigue es tan improbable que muy puede haber sido un sueño” 36. La presencia de este encantador arquetipo femenino a lo largo de todo el relato, inicial, latente y, finalmente, conclusiva, define el sentido profundo de la experiencia de la crisis de Chesterton. A través de la prueba se llega a recuperar la integridad de lo humano amenazado y se encuentra el camino que conduce a su plenitud. Como Beatriz, Dolce guida e cara, la hermana de Gregory, la niña de los cabellos rojos y dorados, hace visible esa dimensión delicada y poderosa de lo femenino que completa y define la obra: el misterio divino de la imagen y semejanza de lo humano con Dios, el amor del varón y de la mujer, reflejo de la insondable comunión de amor de las Personas divinas. El amor juvenil de Gilbert y Frances anima desde lo hondo la inolvidable experiencia creativa de El hombre que fue Jueves.
Más allá de toda las consideraciones queda en pié el hecho irrebatible que, a pesar de su aparente oscuridad, El Hombre Que Fue Jueves no solo fascina sino que llega con su mensaje a personas de las más diversas edades y generaciones que demuestran con su respuesta que han comprendido su médula y se han dejado conmover por él.. Chesterton sigue convirtiendo el corazón de las gentes a través de su obra y, dentro de ella, de El Hombre Que Fue Jueves. El episodio con cuyo relato termina Chesterton su extraordinario capítulo está vinculado a este hecho y al tema de esta comunicación: “quisiera citar más bien, un tributo de un tipo totalmente diferente de hombre (...) Era un distinguido psicoanalista, de la clase más moderna y científica. No era un sacerdote; lejos de ello (...) No creía en el demonio, Dios no lo permita, si hubiera un Dios para prohibirlo. Pero era un estudioso muy agudo y afanoso de su propia disciplina; e hizo poner mis pelos de punta cuando dijo que había encontrado que mi juvenil historia era un correctivo útil entre sus pacientes mórbidos; especialmente en aquel proceso por el cual cada uno de los diabólicos anarquistas termina por ser un buen ciudadano disfrazado. Conozco un número de hombres que estaban a punto de volverse locos me dijo muy seriamente, ‘pero que fueron salvados porque comprendieron realmente El Hombre Que Fue Jueves. Puede haber sido más bien exageradamente generoso; puede haber sido él mismo loco, por supuesto; porque en ese entonces yo lo era. Pero confieso que me halaga pensar que, en éste, mi período de locura, pueda haber sido un poco útil a otros locos”37 .
Notas
G.K. Chesterton, “Autobiography” 2° Ed., Hutchinson & Co., London, 1937(Las traducciones son del autor de esta comunicación), (pág. 80) 1) ob.cit., (pág. 102) 2) ob.cit. (pág. 93) 3) Ob.cit. idem 4) Ward, Maisie, G K. Chesterton, Editorial Poseidón, Buenos Aires, 1947, (pag. 51) 5) Chesterton, Autobiography, ob.cit.,( pag. 181) 6) Ob.cit. (pág.82) Maisie Ward nos habla de esta crisis juvenil de Chesterton en el Capítulo VI de su Biografía (Escuela de Arte y Colegio Universitario, p. 49 a 59), subraya el carácter tardío de la manifestación de los cambios puberales y adolescentes y vincula este hecho a la lentitud de despliegue de una persona con un tamaño físico y espiritual fuera de lo común. El cambio de timbre de su voz, por ejemplo, se demoró y su madre lo hizo revisar por un médico quien, después del examen, le dijo que el cerebro de Gilbert era el mayor y más sensible que jamás había visto; “un genio o un idiota” fue su diagnóstico (p.49), La crisis se desarrolló entre los años 1892 y1895 coincidiendo con su pasaje por la Escuela de Arte. Chesterton tenía entonces 18, 19, 20 y 21 años respectivamente. En 1895, precisamente, Chesterton abandonó la Escuela de Arte para escribir y alcanzó la mayoría de edad “con ruidosa explosión” observa Ward (ver p. 59). A esta mayoría de edad se refiere en una carta a su amigo Bentley. Es significativa la referencia en esta carta a la experiencia de pasar a través de una lluvia torrencial que lo empapa totalmente: “Si, me gusta la lluvia. Significa algo, no estoy seguro de qué, algo que refresca, limpia, lava, empuja no sintiendo reparos, cumple con su deber, algo robusto, ruidoso, moral, mojado. Es el bautismo de la Iglesia del Porvenir” (id. P.59) 7) Charlotte Bühler, “El curso de la vida humana como problema psicológico”, Espasa Calpe, Buenos Aires, 1943.
Romano Guardini, “La aceptación de si mismo” - “Las edades de la vida”, Ediciones Cristiandad, Madrid, 1977, pág. 61 9) Romano Guardini, “De la melancolíe” Ed. Du Seiul, Paris, 1952 10) Francisco Javier Saguier, “Implicaciones filosóficas del concepto de melancolía según Romano Guardini.” Tesis de Licenciatura, Universidad Católica Argentina, Facultad de Filosofía y Letras. Buenos Aires, 2005. 11) Ob.cit., pg.( pág. 82-83) 12) Kierkegaard. “La malattia mortale”, a cura di Meta Corssen, Ed. Di Comunita, Milano, 1952. La enfermedad mortal es la desesperación y la desesperación surge de la negación del yo a fundar su propia realización en el Ser que lo ha puesto en relación consigo mismo y con Él. (pág. 3 a 5) n Victor E. Von Gebsattel, “Sobre la psicopatología del vicio” en “Antropología médica”, Rialp, Madrid, 1966, pág. 285 12) Chesterton, G.K. Autobiography, ob.cit. (pág. 92-95) 13) Giacomo Card. Biffi, arcivescovo di Bologna. Presentazione, (compilación de ensayos de G.K. Chesterton), Piero Gibandi Ed., Milano, 1994 . 14) Chesterton, Autobiography, ob.cit.,( pag. 91 y 99) 15) Chesterton, G.K., Autobiography, Ob. cit. (pag. 95) 16) “By the Babe unborn”, en “The Works of G.K. Chesterton” (Poetry) Wordsworth Poetry Library, Wordsworth, Ed., Hertfordshire, 1995, (pag. 243). 17) Chesterton, G.K., Autobiography, Ob. cit. (pág. 100,101) 18) Ob. cit. (pág.103) 19) Chesterton, G.K. “The man who was Thursday” (a nightmare), Wordsworth Editions Limited, Hertfordshire, 1995. La referencia al Domingo proviene de su Autobiography,(pág. 144) (Las traducciones son del autor de esta comunicación) 20) Webster´s Encicolpedic Unabridged Dictionary of the English Language. Gramercy Books, New York, Avenel, 1994 21) Jorge Luis Borges, “La pesadilla” en “Siete Noches”, Conferencias, Emece, Buenos Aires, 1997. (pág. 74-75) 22) Chesterton, G.K., Autobiography, Ob. cit. (pág. 103) 23) Ob. cit. (pág. 102) 24) J.R.R. Tolkien, “Sobre los cuentos de hadas” en “Árbol y hoja”, Minotauro, Buenos Aires 1994 (1997), pag. 83-89. 25) Chesterton, G.K. “The man who was Thursday” (p. 136). 26) Chesterton se venía ocupando del libro de Job con profundo interés. Tenemos un artículo en “The Speaker” citado por Gary Wills, “Leviatán y el anzuelo” de 1905 y tenemos, en 1907, su “Introducción al libro del Job” (Martin Ward, Software Technology Research Lab. De Montfort University. Leicester. Trad. Horacio Velasco Suárez) previa a la publicación de “El hombre que fue Jueves” (1907) Cabe transcribir el final de este notable prólogo: “El libro de Job es fundamentalmente extraordinario, como he insistido a lo largo de estas páginas, porque no termina de una manera convencionalmente satisfactoria. No se le dice a Job que sus desdichas son debidas a sus pecados o son parte de un plan cualquiera para su perfeccionamiento. Pero en el prólogo vimos a Job atormentado, no porque fuera el peor de los hombres, sino porque era el mejor. La lección de toda la obra es que el hombre es consolado sobre todo por las paradojas. Y esta es la más oscura y extraña de las paradojas; y en función de todo el testimonio humano, las mas tranquilizadora. No necesito sugerir qué encumbrada y extraña historia esperaba a esta paradoja del mejor de los hombres con la peor de las fortunas. No necesito decir que en sentido mas libre y filosófico, hay una figura en el Antiguo Testamento que es un prototipo; o explicar que es lo que prefiguran las heridas de Job.” 27) Chesterton, G.K. “The man who was Thursday” (pág. 143). 28) Ob. cit, (pág. 142). 29) Ob. cit, (pág.2). 30) Ob. cit, (pág. 143). 31) Ob. cit, (pág. 143). 32) Ob. cit, (pág. 6). 33) Ob. cit, (pág. 6). 34) Stanislaw Grygiel, “Dolce guida e cara” Saggi antropologici sul femminile. Ed. Ares, Milano, Italia, 1996.al Chesterton, G.K., Autobiography, Ob. cit. (pag. 103 y 104) *Para completar lo expresado en la página 2: The reality of Evil in G.K.´s Vision of Life or “The Devil Made Him Do It”, Father Bob Wild. www.fatherbobwild.org.uk/chesterton.htm.
THE CHESTERTON REVIEW EN ESPAÑOL - VOL. 1 NRO. 1 - 2007
Primera Conferencia Internacional Iberoamericana
Actualidad de Chesterton en la crisis de nuestra cultura
Del 21 al 24 de Septiembre de 2005
Buenos Aires, Argentina
LA REVISTA DEL INSTITUTO G.K. CHESTERTON
PARA LA FE Y LA CULTURA
SETON HALL UNIVERSITY

No hay comentarios:
Publicar un comentario