sábado, 26 de octubre de 2024

El Perfil de la Cordura Chesterton, la Filosofía y el arte



El Perfil de la Cordura Chesterton, la Filosofía y el arte

Horacio Velasco-Suárez
Parecería necesaria una explicación al título buscado para este panel. Lo hemos tomado prestado del libro en que G.K. Chesterton reúne una serie de ensayos en defensa de su doctrina política, el distributismo.1 Pero resulta también acertado para el tema que nos proponemos considerar. Dice Chesterton hablando de la imaginación, uno de los pilares de su concepción artística: “Se supone que la imaginación trabaja hacia el infinito; pero en ese sentido, el infinito es lo opuesto a la imaginación. Porque la imaginación trabaja con imágenes, una imagen es algo que por su naturaleza tiene un perfil, y por consiguiente, un límite”2 Junto con la imaginación, otro de los temas recurrentes es el uso que hace de la locura, para destacar que la persona que tiene una visión imaginativa y poética de la vida, es la menos propensa a volverse loca. Para citar uno sólo de los innumerables ejemplos sobre la cordura, “En consecuencia, podemos decirque no son los poetas los que enloquecen: son los matemáticos, los lógicos, los enumeradores de estrellas y los contadores de pasto”3 La palabra sanity, tantas veces usada por nuestro autor, tiene un matiz difícil de traducir en castellano. Podemos optar por “cordura” la que utilizó EMECE en su edición del libro de ese título. Pero se trata de una cordura relacionada tanto con un estado general de salud como con la sensatez.
El mundo en el que Chesterton creció, era el de una sociedad gravemente enferma. Hemos querido dar un marco de referencia ubicando a nuestro personaje en la época que le tocó vivir,.porque tanto el ambiente que respiró, como el efecto que le produjo, son la clave de la reacción que lo llevó a elegir un camino en su vida, En una sociedad decadente eligió cruzar espadas por la cordura desaparecida. En un ambiente vago y difuso, necesitaba hacer ver los límites que perfilan la realidad de este mundo que tanto amaba. Quizas la mejor manera de completar este marco en el que hemos deseado situar el perfil de Gilbert Keith Chesterton como artista, sea recurriendo a las palabras de otro gran artista y, como él, hombre de fe, poeta y filósofo preocupado por el destino del arte en occidente Wladimir Ivanovich Weidlé, (1895-1976) en un libro clave, Les Abeilles d´Aristée, (1954) tipifica la época con trazo magistral:
Oficio de Tinieblas
Ha retornado el tiempo del desierto; el cristianismo recomenzará en la esterilidad de la Tebaida, en medio de una idolatría temible: la idolatría del hombre hacia sí mismo. Chateaubriand
El orgullo es estéril, es árido. Desde que se pone a crear, suspira por la humildad. Nada lleva tanto al desagrado de si mismo como el culto del yo. La conciencia del abandono es ya la nostalgia de la presencia. En el corazón mismo de la noche se encuentran la ofrenda y la invocación. El sentimiento del desierto comienza en los románticos y se transforma, en muchos de ellos, en un llamado a la Tebaida. Son los primeros en tomar conciencia de una civilización que decae y desean su redención. Contemplan un mundo desintegrado y aspiran a la “unidad integral”.
Se dan cuenta que a las artes plásticas de su tiempo les falta estilo y sienten la nostalgia del estilo. Más que nadie lo haya hecho nunca, comprenden el arte del poeta y por ello se dan cuenta del peligro que lo amenaza. Todas las evasiones datan de esa época, todas las agonías.
Durante un siglo entero y hasta nuestros días, unos buscan refugio en mundos desaparecidos, donde el alma es acunada por canciones de cuna inmemoriales, la imaginación está en su casa y lo eterno se transparenta a través de lo transitorio; los otros, por el contrario, eligen habitar su propio tormento, se lanzan en plena destrucción, y arrancan una obra a su propia desesperación. Pero tanto unos como otros, en el ejercicio de su arte, implícitamente buscan un cambio del mundo. El verdadero nombre de ese cambio es conversión.
Este nombre sólo dice lo que falta, pero es un nombre incompleto. Aún para aquellos que saben lo que significa, o mas bien, lo que debería significar, porque ya en latín no es más que una pobre traducción de un maravilloso vocablo griego. Éste no significa solamente conversión (cambio de creencia) ni solamente penitencia (cambio de la vida moral) sino las dos cosas a la vez. Y más todavía: un cambio de alma, una total transfiguración humana. Y es que el hombre, tal como es, tiene necesidad no sólo de penitencia, ni de adhesión (si ella no es nada más que exterior) a lo que sea, sino que necesita cambiar su alma. Convertíos, pero sabed que el verbo no recibe la plenitud de su significado más que en plural. Hace falta que el mundo se convierta.4
Dios misericordioso y providente conocía esta necesidad de conversión, y eligió como un instrumento eficaz en esta tarea la grande y noble alma de Chesterton, preparándola desde el principio como heraldo de la buena noticia olvidada por los hombres.
Chesterton describe en su Autobiografía, el proceso que lo llevó del agnosticismo escéptico del fin del siglo XIX, a la revelación de la belleza, la bondad y el sentido de la vida. El padre Robert Wild, en un excelente libro “The Tumbler of God, Chesterton as a mystic”, postula la mediación de una especial gracia iluminativa, como clave de la conversión de Chesterton. Dicho con sus muy justas palabras, tomadas de otro ensayo suyo acerca de la realidad del mal en la obra de Gilbert: (Chesterton era)… alguien en quien el Espíritu Santo había obrado en un grado poco común la purificación activa del intelecto, a través del don de la sabiduría. G.K. era capaz de ver con su mente, no meramente pensar razones .No es la misma cosa en absoluto. El podía contemplar la creación desde la perspectiva de la Fe, que es la más perfecta purificación de la mente.5
Como toda aproximación conjetural a algo tan íntimo como el interior del alma, las muy fundadas razones que expone Wild en apoyo de su tesis, dejan prudentemente en suspenso el momento preciso en que esta revelación tuvo lugar. Sin embargo, para un espectador más descarado, no puede pasar desapercibido como signo de lo que fue quizás la primera de esas experiencias místicas, un fragmento revelador de una carta de Gilbert a su mejor amigo, Edmond Clerihew Bentley, Chesterton asistió a las clases de la Slade Art School y a cursos sobre literatura Inglesa en el University College, de 1892 a 1895. Este fragmento está datado en North Berwick, y Maisie Ward lo transcribe fechándolo durante la vacación del verano de 1894:
Interiormente hablando, he pasado una temporada curiosa. Un ataque sin sentido de depresión, que tomó la forma de ciertas absurdas preocupaciones psicológicas se apoderó de mí, y en lugar de desecharlo y hablar con la gente, lo asumí llegando ciertamente al interior de los más profundos abismos. El resultado fue que encontré que las cosas cuando se las examinan, necesariamente proclaman un panorama tan místicamente satisfactorio, que, sin volver a la tierra, vi mucho que me dio la certeza de que todo está bien. Ahora la visión se está disolviendo en la común luz diurna, y me alegro que así sea. El estado de mi mente era el opuesto de lo sombrío, pero no se podría mantener por mucho tiempo. Es embarazoso hablar con Dios cara a cara, como un hombre que hablara a su amigo6.
La repentina y deslumbrante visión abrió al mismo tiempo todas las ventanas de su alma. A partir de ese momento, las elucubraciones intelectuales de sus contemporáneos le resultaron un laberinto de espejos en el que el yo repetía hasta el infinito el reflejo de su propia sombra.
Esta revelación del mundo como creación siempre nueva y admirable, acompañó su obra durante toda la vida, y moldeó la particular forma expresiva de su arte. Chesterton no razona en abstracto: contempla gozosamente asombrado “desde todas las puertas de su mente”7 un panorama siempre nuevo y siempre fresco, y describe, con el entusiasmo y la precisión del que guarda en su retina una imagen imborrable, simplemente lo que ve. A muchos años de distancia de su noche oscura y su repentina iluminación, cumplido el ciclo del retorno a la Fe, escribe en “The Everlasting Man”:
La moraleja de todo esto es antigua: la religión es revelación. En otras palabras, es una visión, y una visión recibida por la fe; pero es una visión de la realidad. La Fe consiste en una convicción de su realidad8
Hay algo, en el uso razonable de la propia palabra visión, que implica dos cosas acerca de ella; primero que acontece muy raramente, posiblemente, por una única vez; y en segundo lugar, que probablemente acontece de una vez para siempre9
Aunque son innumerables los pasajes que podrían ejemplificar su visión de la creación artística, en razón de esta experiencia fundacional, los mejores ejemplos se pueden encontrar en las obras que abordan temas teológicos, de la que es paradigmática su biografía de San Francisco de Asís. Algunos estudiosos han discutido sobre si es una obra de Chesterton sobre San Francisco de Asís, o se trata de la visión personal de Chesterton adscripta a la vida del Poverello. Parece mucho más equilibrado opinar que tanto San Francisco como Chesterton pudieron ver la misma Verdad y Belleza, desde la perspectiva personal de cada uno. Por eso sus reflexiones sobre el Santo son a la vez ventanas abiertas a la experiencia mística de Chesterton como fundamento de su arte.
Recordando que San Francisco llamaba a sus seguidores “les jongleurs de Dieu”, Chesterton explica: EL jongleur era en propiedad un bromista y un bufón; a veces lo que podríamos llamar un prestidigitador... A veces puede haber sido un equilibrista, como el acróbata de la bella leyenda “El acróbata de Nuestra Señora”. 10
Francisco en algún momento cercano a su desaparición en la prisión o caverna oscura, experimentó un cambio de naturaleza psicológica; el giro de un completo salto mortal, en el que, describiendo un círculo completo, volvió, o aparentemente lo hizo, a su postura inicial, Es necesario usar el grotesco símil de una pirueta acrobática, porque hay pocas otras figuras que puedan esclarecen el proceso. Pero en el sentido más íntimo, fue una profunda revolución espiritual…. El efecto en su actitud hacia el mundo fue tan extravagante como cualquier paralelo que le quisiéramos encontrar. Miró al mundo de manera tan diferente de los demás hombres, como si hubiera salido del oscuro agujero caminando sobre sus manos11
Al comparar la experiencia mística con la acrobacia juglaresca, Chesterton emplea una de sus imágenes preferidas: contemplar al mundo cabeza abajo. Ese cambio absoluto de perspectiva, implica en primer lugar una actitud sobrenatural: El secreto de recuperar los placeres naturales consiste en mirarlos a la luz de un placer sobrenatural12
Un segundo efecto es la iluminación sobre la propia estulticia Es un sólido hecho objetivo, como las piedras del camino, que había hecho el tonto Y mientras contemplaba la palabra “tonto” escrita en luminosas letras delante suyo, el mundo mismo comenzó a brillar y cambiar. Cuando Francisco salió de la cueva de su visión, llevaba esta misma palabra “tonto”, como una pluma en su sombrero; como un escudo o quizás una corona. Continuaría siendo un tonto, sería el tonto de la corte del Rey del Paraíso13
Una tercera consecuencia de ver el mundo parado sobre las manos es una profunda experiencia de dependencia, profundamente aliada a la virtud de la humildad, … mientras para el ojo normal la imponente fábrica de sus murallas o la masiva fundación de sus torres parecen más sanas y permanentes, el momento en que se dan vuelta, su propia solidez las hace aparecer más indefensas y en peligro. Es nada más que un símbolo, pero revela un hecho psicológico. San Francisco podía amar su pequeña ciudad tanto como antes, o más aún; pero la naturaleza de su amor se había alterado y aumentado. Podía ver y amar cada teja en los empinados techos y cada pájaro en las murallas, pero las vería en una nueva y divina luz de eterno peligro y dependencia. En lugar de estar orgulloso de su fuerte ciudad porque no podía ser conmovida, estaba agradecido a Dios Todopoderoso por no haberla soltado de su mano; agradecía a Dios no haber soltado a todo el cosmos como un vasto cristal para ser esparcido en estrellas fugaces. Así quizás San Pedro vio al mundo cuando fue crucificado cabeza abajo.14La transición de un buen hombre a un santo es una suerte de revolución, por la cual, alguien para el que todas las cosas ilustran e iluminan a Dios se convierte en alguien para quien Dios ilumina todas las cosas. Es como la transformación por la cual un amante puede decir a primera vista que su amada le recuerda una flor, y luego reconoce que todas las flores le recuerdan a su amada Un santo y un poeta frente a la misma flor, pueden parecer decir la misma cosa; pero ciertamente, a pesar de que ambos digan la verdad, estarán diciendo diferentes verdades. Para uno la alegría de la vida es la causa de la fe; para el otro es más bien su resultado. 15
El resultado de contemplar todas las cosas desde la perspectiva sobrenatural, convierte al hombre en espectador de la Creación; como Dios está permanentemente manteniendo las cosas en su ser en una actualidad sin tiempo, el hombre que ha dado el salto mortal, es testigo de la obra divina:
El místico que pasa a través del momento en que no existe otra cosa que Dios, de alguna manera presencia el principio sin principio en el que no había en verdad ninguna otra cosa. No solo aprecia todo, sino la nada de la que todo ha sido creado. De alguna manera soporta y contesta aún el terremoto de ironía del Libro de Job. En cierto sentido está presente cuando son puestos los fundamentos del mundo, con las estrellas de la aurora cantando juntas, y los hijos de Dios gritando de alegría.16
Este bellísimo y profundo pasaje ilumina el sentido del arte y la vida de Chesterton., su visión abarcativa del universo, en la que como dice de San Francisco, no hay “fondo y figura”, sino que todas las cosas tienen importancia; su profunda humildad, su permanente agradecimiento, la perpetua novedad de cada aurora.
Chesterton parece demorarse perennemente glosando el encuentro de los pastores en la noche fría de Belén con el ángel de la Natividad, cuando la “claritas Dominus circumfulsit illos, et timuerunt timore magno” la luz del Señor los inundó, y temieron con gran temor y el Ángel les dijo: “Nolite timere: ecce enim evangelizo vobis gaudio magno”, No temáis, vengo a anunciaros una magna alegría. Y un coro de ángeles en el cielo prorrumpió en una aclamación de Gloria.
Para Chesterton la imaginación es un don de Dios al hombre que le permite y le obliga a acompañar Su obra creadora. Y la clave que pone en libertad la imaginación es la humilde actitud de asombro ante la grandeza de la Creación, que caracteriza la actitud de los niños ante un mundo que para ellos está recién creado. Perdido en algún lugar de la inmensa pradera del tiempo, vagabundea un pigmeo que es la imagen de Dios, y que ha producido, en una escala aún más reducida, una imagen de la creación. Esa figura pequeñísima de Dios, la llamamos hombre, y la imagen en miniatura que produce, Arte. Es subestimar la función del hombre decir que (el arte) sólo expresa su propia personalidad… Su trabajo, como algo secundario pero divino, es rehacer el mundo...17
Dejando claramente establecida nuestra función de “subcreadores” como la llamó otro gran escritor cristiano inglés18, Chesterton se asigna, en un memorable ensayo19, la función de escultor de gárgolas. Pero a mi se me asemeja mas apropiado el papel de maestro constructor de catedrales, “el arquitecto de las lanzas” de otra de sus memorables visiones20, poniendo en las manos de Esther un arado y una lanza, y dirigiendo sus huestes para la pelea, espada en mano y ciñendo brillante armadura.
En un cuento de 1895, “Le Jongleur de Dieu”, uno de los seguidores de un profeta apedreado es encontrado muerto “en un gran valle, entre pilas de piedras rudamente talladas representando santos rientes, profetas rientes, querubines y serafines rientes con los cuales el maniático estaba intentando construir una catedral con sus propias manos”21
Treinta años más tarde, Chesterton ha encontrado agradecido, que la catedral ya estaba construida y que le bastaba penetrar en ella atravesando con su cabeza los opacos vidrios emplomados, para contemplar la inefable y llameante luz divina de los vitrales como las piedras preciosas de las murallas de la Jerusalén Celestial.
Porque el arte, como dice Weidlé es Belén y Tabor, encarnación y transfiguración, Chesterton encuentra a través de él su lugar en la obra magna que Otro ha previsto, y la humildad gozosa del reconocimiento de su alegría fundada en el sólido cimiento de la Redención. Por eso se atreve a decir, en las palabras con que cierra Ortodoxia: Los estoicos, antiguos y modernos, se enorgullecen en ocultar sus lágrimas, Él nunca ocultó la suyas; las mostró a cara descubierta a la luz del sol, como cuando contemplaba desde lejos la Ciudad Santa…Él nunca reprimió su indignación; derribó los muebles en las escalinatas del Templo, y preguntó a los hombres cómo pensaban escapar de la condenación eterna. Sin embargo, Él ocultaba algo…Había cierta cosa que era demasiado grande para que Dios nos la mostrase mientras Él caminaba por esta tierra; y yo me he imaginado muchas veces que era Su alegría.22
Notas
1. Chesterton, G.K.The outline of Sanity, London, 1926. traducido por EMECÉ como “EL Perfil de la Cordura”, Buenos Aires, 1952 2. Chesterton, G.K, All is Grist, p. 153, citado por Thomas C. Peters, “The Christian Imagination; Chesterton on the arts”, Ingnatius Press, San Francisco, 2000 3. Chesterton, G.K Lunacy and Letters, pg. 35, citado. por Thomas Peters, op. cit.) 4. Weidlé, Wladimir, Les Abeilles d´Aristée, Troisième Partie, L´Office des Ténèbres, Introducción, p.. 236, Gallimard, Paris, 1954 5. Wild, Robert, The Reality of Evil in G.K´S vision of life en Father Bob Wild Reflections on Madonna House Page, http://www.fatherbobwild.org.uk/chesterton.htm 6. Ward, Maisie, G. K. Chesterton, IV, Art School and University College, p. 49 Sheed & Ward, New York, 194) 7. Chesterton, G.K, The Coloured Lands, 1912 8. Chesterton, G.K, The Everlasting Man, Collected Works, Vol II, p. 375 Ignatius Press, San Francisco, 1986 9. Chesterton, G.K, The Everlasting Man, Collected Works, Vol II, pg. 376 Ignatius Press, San Francisco, 1986) 10. Chesterton, G.K, Saint Francis of Assisi, p. 69, Collected Works, Ignatius Press, San Francisco 1986 11. Chesterton, G.K, Saint Francis of Assisi pg. 70, Collected Works, Ignatius Press, San Francisco 1986 12. Chesterton, G.K, Saint Francis of Assisi, p. 70, Collected Works, Ignatius Press, San Francisco 1986 13. Chesterton, G.K, Saint Francis of Assisi, p. 71-72, Collected Works, Ignatius Press, San Francisco 1986 14. Chesterton, G.K, Saint Francis of Assisi, p. 73, Collected Works, Ignatius Press, San Francisco 1986 15. Chesterton, G.K, Saint Francis of Assisi, p. 74, Collected Works, Ignatius Press, San Francisco 1986 16. Chesterton, G.K, Saint Francis of Assisi, p. 75, Collected Works, Ignatius Press, San Francisco 1986 17. Chesterton, G.K Lunacy and Letters, p. 90 citado por Thomas C. Peters, “The Christian Imagination; Chesterton on the arts”, Ignatius Press, San Francisco, 2000 18. J.R.R. Tolkien 19. Chesterton, G.K, On Garygoyles, Alarms and discursions, 1910 (Introduction) 20. Chesterton, G.K “The Architect of Spears”, en Varied Types, 1912 21. Chesterton, G.K Collected Works, XIV, pg. 662 22. Chesterton, G.K Orthodoxy, en Collected Works, I, p.. 365-366, Ignatius Press, San Francisco, 1986)
THE CHESTERTON REVIEW EN ESPAÑOL - VOL. 1 NRO. 1 - 2007
Primera Conferencia Internacional Iberoamericana
Actualidad de Chesterton en la crisis de nuestra cultura
Del 21 al 24 de Septiembre de 2005
Buenos Aires, Argentina
LA REVISTA DEL INSTITUTO G.K. CHESTERTON
PARA LA FE Y LA CULTURA
SETON HALL UNIVERSITY

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